martes, 25 de junio de 2013

Maquiavelo: lecciones de la historia. Parte III. El mantenimiento del poder.



Los seres humanos somos normalmente de naturaleza gregaria y las sociedades tienden a ser jerárquicas. Sin embargo, aunque una sociedad sea jerárquica puede tener un origen diferente. Quienes la dirigen han podido llegar a la dirección de ella por tradición, por el apoyo de otros que tienen poder, pero también pudieron llegar mediante el apoyo de la mayoría de la gente, con el apoyo del pueblo.
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<<El principado lo crean o el pueblo o los poderosos, según a cuál de estas partes se le presente la ocasión. Porque cuando los grandes ven que no pueden hacer frente al pueblo, empiezan a reforzar el prestigio de uno de ellos, al que nombran príncipe, para poder saciar su apetito bajo su protección. A su vez, también el pueblo, cuando ve que  no puede hacer frente a los poderosos, concentra todo el poder sobre un hombre al que nombra príncipe, para defenderse mediante su autoridad>>. (1)

Bien, esta es una característica histórica que la hemos visto muchas veces. En el caso primero, en el de los poderosos, tenemos a la España de la llamada transición a finales del siglo XX. Estos, los poderosos, buscaron a un hombre que defendiese sus intereses, este hombre fue, y es, el rey español actual, Juan Carlos I. Fue un prínicipe elegido por los más poderosos, no por el pueblo. En el segundo caso, en el que el pueblo elige o apoya al dirigente, lo tenemos en Hugo Chávez en Venezuela. Pese a que tenía en contra a todo el poder económico, tanto interno como externo, el externo Estados Unidos y sus aliados, y a que así mismo los medios de comunicación, que pertenecen a las grandes corporaciones, lo descalificaron, logró la victoria popular.
La diferencia de apoyos en uno y otro caso, llegar al poder con el apoyo de los poderosos o con el apoyo popular, es notoria, ya que:

 <<la intención del pueblo es más noble que la de los poderosos, puesto que estos desean oprimir, y aquel no ser oprimido>>.

 También explica  Maquiavelo que el temor de un gobernante que llegó a serlo con la ayuda popular es que la gente lo abandone, en cambio el temor a los poderosos es que lo ataquen. De ahí la importancia de estar con las personas, de atender a sus necesidades, de mejorar la sociedad, de hacer una sociedad decente para que la población apoye a un dirigente y no lo abandonen, y, al mismo tiempo, controlar a aquellos que pudiesen intentar quitarle el gobierno, quitándoles poder y convirtiéndolos en personas sin ningún privilegio, y nombrando a otros como personas de más confianza.
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<<Y también es necesario que el príncipe viva siempre con ese mismo pueblo, pero no que tenga siempre los mismos poderosos, pudiendo crearlos o destruirlos y darles o quitarles prestigio, a su gusto, cada día>>.
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Respecto a las personas demasiado ambiciosas:

<<pero si ves  que lo hacen con engaños, movidos por la ambición, es señal de que piensan más en sí mismos que en ti, y en ese caso el príncipe debe guardarse de ellos y temerlos como si fueran enemigos descubiertos, porque, en los momentos de adversidad, siempre colaborarán en su ruina>>.
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Así:

<<el que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo, cosa que le resulta fácil, puesto que este no pide otra cosa que no ser oprimido>>.

En esta situación tenemos a Hugo Chávez o Rafael Correa, que se mantiene con apoyo popular porque cuida a sus ciudadanos, la situación contraria es la Jose Luis Rodríguez Zapatero, que abandonó a su suerte a la gente que lo eligió. Cuando el dirigente es elegido por los poderosos también puede ganarse el apoyo popular, porque:
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 <<como los hombres, cuando reciben el bien de quien se esperaban mal, se sienten más obligados hacia su benefactor, en seguida el pueblo se vuelve más benévolo con él que si le hubiese prestado su apoyo para llegar al principado>>.
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No es este el ejemplo del Rey de España, todo lo contrario, que ni con enormes campañas de publicidad y dinero ha podido maquillar su figura. Es un Rey que no debió serlo. (2)
Otra lección  que extrae Maquiavelo, teniendo en cuenta el carácter egoísta y olvidadizo de los seres humanos:
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<<un príncipe sabio tiene que buscar la manera de que sus ciudadanos siempre le necesiten a él y al estado, tanto en los buenos como en los malos tiempos; entonces siempre le serán fieles>>.
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De otra manera en los tiempos difíciles, en los tiempos duros, cuando él los necesite, será difícil que los encuentre, y como dice el sabio consejero:

<<esta experiencia es especialmente peligrosa, puesto que solo se la puede probar una vez>>.

Puede ser el caso de Salvador Allende y su trágico y al mismo tiempo valeroso final. "Se suicidó", dicen, aunque en realidad ellos lo mataron, pese a que él acabase con su vida antes que los otros lo hiciesen de forma más cruel. No se dejó atrapar, eso ocurrió, pero ellos lo mataron en realidad. Por no ceder.




Notas:
(1) Nicolás Maquiavelo. El príncipe. Planeta-De Agostini. 1995.
(2) Mikel Itulai. El Rey de los españoles: un Rey que no debió serlo.Enlace

2 comentarios:

  1. Salvador Allende... muchas veces me preocupa que los pueblos latinoamericanos olviden las trajedias que ha provocado el capitalismo de los EEUU.

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  2. Normalmente casi todas las sociedades olvidan las causas de sus desgracias, y así se repiten.

    Saludos,

    Mikel.

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