Que la caída de Siria en manos de unos bandidos y criminales financiados y armados por Occidente iba a tener unas consecuencias trágicas y horribles para la población civil, así como para su cultura y tolerancia histórica, era algo realmente obvio. Lo vimos desde los primeros días y lo volvemos a ver ahora, desatada una orgía de crímenes y sangre. Con especial ensañamiento contra alauitas y cristianos, pero no escapándose nadie, como ocurre igualmente con los suníes.
Los medios de desinformación tienen una responsabilidad fundamental en esas matanzas. Haciendo pasar a los mercenarios asesinos por rebeldes luchadores de la libertad y ocultando sus fechorías y crímenes. Censuran, como me han censurado a mí, cualquier información veraz, que desacreditaría y derrumbaría su castillo de naipes de mentiras, convirtiéndose en cómplices de crímenes contra la humanidad y genocidio.
Que Dios los juzgue, podríamos decir, pero mejor juzguémoslos nosotros y así lleven la misma pena que provocaron y silenciaron en tantos, ahora que Occidente cae.
Como Google es otro medio de censura y propaganda, que está eliminando cualquier información que contradiga el discurso de los oligarcas a los que representa, les remito a mi reciente canal de Telegram: Conociendo el mundo (https://t.me/conociendoelmundoactual), para ver qué está ocurriendo en Siria y en otros lugares.
PS:
Alguien se preguntará si tiene algún valor, si vale para algo publicar y denunciar tales matanzas y crímenes. Pues sí, sí que tiene importancia hacerlo. De otro modo, como ha ocurrido en Ucrania, se silenciarían tales actos canallas, culpando incluso a las víctimas de ello y haciendo pasar por benefactores y demócratas a lo que no son mas que desalmados asesinos. Cómo hacía hace poco la propagandista de TVE Almudena Ariza, de que el advertir sobre las atrocidades que ya ocurrían e iban a ocurrir eran bulos. No lo eran ni lo son, pero trataban de esconderlo.
Recuerdo que aquí en Europa occidental, mientras se sucedía el genocidio de Dombás por parte de los ucronazis, la gente vivía plácidamente, como en la Alemania hitleriana, y cuando la Federación rusa intervino para parar estas masacres y para defenderse ella misma, los medios lanzaron una enorme campaña de propaganda antirrusa, tergiversando la realidad. Y la gente, tan servil y sin criterio propio, cual siervos repetían las consignas de sus amos, diciendo que había que hacer algo para pararlo. De hecho, las corporaciones hicieron paros para manifestarse, como Volkswagen, pero nunca los hicieron por Dombás, Palestina o Siria. Ahora, de nuevo, vemos la hipocresía, los medios callan o mienten y la gente, repitiéndolo, calla o miente.
La denuncia sirve para que no triunfe ni la mentira ni la barbarie, ni estos canallas salgan diciendo que son defensores de la libertad y los derechos humanos. Y ya no se atreven apenas a manifestarse por una Ucrania nazi sin quedar expuestos como lo que verdaderamente son, personajes sin principios ni personalidad ni ética alguna. Siervos de sus criminales amos.
Telementiras con los medios que apoyaron y apoyan a los terroristas, dejando a l@s siri@s a su merced para ser masacrados. Al final tienen que ir a refugiarse a la base militar rusa de Jmeimin, cerca de Latakia.
Las matanzas y los crímenes contra la humanidad continúan. Responsabilidad de occidente.
El "feminismo" occidental permite que las mujeres sean cazadas en Siria como trofeos de caza.
Asesinadas familias enteras.
Criminales y cobardes
Tulsi Gabbard ya advertía de lo que ocurría y ocurriría en Siria al poner a unos fanáticos en el poder.
Las matanzas son enormes, claramente un genocidio. Imágenes de Sanobar en Jableh.
Las excavadoras ocultan las masacres de personas por los mercenarios islamistas.
Los criminales después de asesinar a sus hijos tratan de asustar a una madre, que les responde que Dios no les perdonará.
Masacrando impunemente a la población la nueva policía siria de los mercenarios que se hicieron con el poder con el apoyo exterior.
Infinidad de personas asesinadas, ante un occidente que mira a otro lado.
Los mejores seres humanos responden a esta barbarie, como el jefe suní Abdul Rahman Ali Al-Dula. Fue asesinado por los matones que han invadido Siria.
Nuestros desgobiernos apoyando y dando dinero a estos criminales, ahí están el Gobierno español y la Unión Europea. Y los medios blanqueando a los asesinos y silenciando o mintiendo sobre sus crímenes. Hay que poner fin a esta deriva nazi.
Exterminan a todos, como criminales y desalmados que son. Los deshumanizan llamándolos perros, los asesinan y los queman. Con el apoyo y silencio de las sociedades occidentales.
Las matamzas en Siria vienen sucediendo desde 2011, pero fueron encubiertas, por los medios de comunicación, las organizaciones "humanitarias" y la izquierda occidental, culpando de ellas al gobierno legítimo y apodando a los asesinos como revolucionarios, luchadores por la democracia y la libettad, y hasta héroes. Qué miserables.
Una mujer siria, desesperada por el dolor y el horror, porque han asesinado a su familia y vecinos, ver vídeo anterior de las matanzas en Sanobar, denuncia ante el mundo esta increíble maldad de esos desalmados. Ha salvado su vida porque ha ido a la base aérea rusa de Hmeimim. Mientras nuestro mundo mira para otro lado mientras nuestros gobiernos apoyan tales masacres.
Como en la Alemania nazi, en Siria las propiedades y casas son marcadas para saber a quién hay que perseguir y robar.
El fanatismo se ha extendido por Siria. En Homs, con un niño alzado portando un cuchillo, corean consignas de aniquilar a los alauitas.
Los políticos en España son responsables de este genocidio en Siria.
Si recuerdan, la misma aberración de apoyar y agasajar a los criminales islamistas hicieron en Libia.
Depravada y degenerada, la palestina residente en los Países Bajos, Qamar Abu Amr, dice que hay que asesinar a los alauitas, para lo que imita los disparos de un fusil, y tirarlos al monte para que sean comidos por los perros. Este es el tipo de gente que se trae a Europa y se les protege, verdaderos asesinos.
Tiene que ser otra vez Juan Manuel de Prada quien denuncie la barbarie instalada en la Unión Europea por su apoyo a los peores de los criminales, que ahora los han puesto al frente de un país al que están destruyendo.
Hordas de matones y ladrones asolan Siria.
Alemania con sus verdes, como la ministra Baerbock, va a legitimar a los cortacabezas en Siria, en pleno genocidio de estos asesinos, inaugurando su embajada.
Siria ha entrado en unos tiempos muy oscuros. Sus habitantes viven, los
que logran sobrevivir, bajo el terror y la intolerancia.
El adoctrinamiento de los niños en fanáticos asesinos ya está en marcha en Siria (Manbij), como lo estuvo en Ucrania. Tendrá trágicas consecuencias. Luego exportarán esta barbarie a otros países, entre los que están China y Rusia.
Pero no se engañen, eso ya está en la Unión Europea, como han visto en el video anterior de la joven palestina con nacionalidad neerlandesa. Y en el siguiente de este niño con la misma actitud siniestra.
La barbarie llevada a Siria desde occidente. Destrucción de la cultura, como la música.
Los secuestros de mujeres jóvenes se suceden una y otra vez en Siria. Y ya saben ustedes que destino siniestro tienen: esclavas sexuales de estos asesinos.
Su nombre Duaa Fouad Abbas. De Al-Suqaylabiyah.
Atentado el 22 de junio de 2025 en la iglesia cristiana de San Elías en Damasco. Al menos 25 personas asesinadas por los fanáticos islamistas respaldados por occidente. Ya habían recibido amenazas.
Como blogger vuelve a la censura, les pongo el enlace a Telegram del vídeo censurado del atentado en la iglesia de San Elías:
Como dos estúpidas jóvenes italianas se dejan engañar por una fraudulenta solidaridad para apoyar a criminales que asolaban Siria. La mentira occidental.
Es frecuente oír que a lo largo del tiempo el ser humano ha llegado a unas cotas de mayor moralidad y humanidad. Esto, no nos engañemos, lo dicen aquellos mismos seres humanos que tienen interés en que esto forme parte del pensamiento dominante, aunque luego la realidad sea otra cosa bien diferente. Y no debemos olvidar que en cada época, no importa parece el momento, se ha creído lo mismo. Mirando con costumbre arraigada y con abundante desprecio y superioridad injustificada al pasado. Como es habitual, se desprecia lo que se ignora.
No cambiamos y seguimos en la misma necedad. Sin duda el Homo sapiens ha avanzado en conocimientos, pero desde luego no en principios éticos aplicados a la realidad cotidiana. Lo expresa correctamente uno de los intelectuales más importantes de la segunda mitad del siglo XX, Gonzalo Puente Ojea, que fue silenciado por una sociedad muy lejos no solo de su altura intelectiva, sino especialmente también de la moral.
Esto es la tragedia de la Humanidad, muy progresista en el aspecto técnico, pero moralmente regresiva tanto en el orden de los conocimientos intelectuales de las masas populares, como en el aspecto de la valoración moral de los acontecimientos.1
Así si miramos a hechos terribles muy recientes, tenemos por ejemplo la guerra colonial desatada contra Siria, una agresión internacional contra un país soberano e independiente llevada a cabo por las potencias occidentales por medio de la utilización de mercenarios sin escrúpulos y sedientos de sangre. La tragedia se expresa en que en occidente, en concreto su "izquierda" títere, ha contribuido a engañar a la población, disfrazando una insurrección islamista fomentada desde fuera y haciéndola pasar por una inexistente rebelión popular y pacífica, ocultando su origen mercenario y terrorista. Las barbaridades contra la población siria de estos desalmados de Al Qaeda y afines han sido innumerables, propiciadas y multiplicadas por la cobertura, apoyo y justificación de los propagandistas de la guerra. Es otra de las páginas negras de la hishtoria de la humanidad. Joan Carrero nos mostraba como fallamos gravemente al pueblo sirio, recordando como ahora vemos la agresión internacional llevada a cabo en 1936 contra el pueblo español y su gobierno legítimo y no queremos ver la perpetrada contra este país de Oriente Medio.
¡Pobre Siria, cuánto sufrimiento, qué devastación! Profundas heridas, roja sangre. Una espantosa realidad. Pero ¡qué difícil es salir de nuestra propia piel y de nuestra propia cotidianidad para ponernos en la piel abierta y en la situación trágica de las víctimas! Intentar escribir sobre Siria un artículo que se salga de los agobiantes márgenes de lo políticamente correcto (¡cuánto miedo hay a discrepar y quedar al margen!) es mucho más que un reto: es como un doloroso parto. Aunque también es una obligación moral. Lo cual no le resta en absoluto dificultad. ¿Por qué llamar “conflicto” a una terrible agresión internacional (¡otra más!) cuya realidad ha sido tan escandalosamente distorsionada? Distorsión que deberíamos haber descubierto enseguida. ¿No se hizo antes en tantos otros “conflictos” -Irak, Ruanda, Congo, Afganistán, Libia…- a fin de justificar las correspondientes agresiones “liberadoras”? ¿Cómo hemos podido volver a caer de nuevo en la misma estafa? 2
Hemos ido claramente hacia atrás, no avanzamos en términos de justicia y compasión. Se distrae la atención sobre lo importante y se engaña a la gente por medio de una utilización perversa de sus emociones.
Un pueblo, el sirio, que ha sufrido aquel crimen, el crimen contra la paz, que en 1950 los Principios de Núremberg consideraron que era “algo esencialmente perverso”, ya que “iniciar una guerra de agresión [...] no es sólo un crimen internacional, es el mayor crimen internacional, diferenciándose de los otros crímenes en que contiene en sí mismo la perversidad acumulada de los otros”. El distraer, en pleno siglo XXI, la atención de nuestra sociedad sobre la singular gravedad de los crímenes contra la paz, utilizando para ello la Declaración Universal de los Derechos Humanos (todos ellos individuales) y excitando nuestras emociones con conmovedoras historias particulares, es aún más grave que, en los siglos pasados, haber distraído la atención de la sociedad sobre la necesidad de justicia social utilizando para ello unos piadosos llamamientos a la caridad cristiana. 2
Desde siempre el pensamiento dominante, acompañado de la presión social, ha justificado los hechos más atroces. Como así sucedió en el bombardeo con armas químicas de España en el Rif. Allí los niños, mujeres o ancianos morían asfixiados, quemados, quedaban ciegos o con otras terribles secuelas debido a esta práctica criminal. Lo reconocia el general español Ignacio Hidalgo de Cisneros, un hombre que tuvo que exiliarse fuera de España para escapar de la muerte segura a manos de los matones que se impusieron mediante la violencia al pueblo español.
En aquellos días, me tocó realizar una faena verdaderamente canallesca que me proporcionó el vergonzoso y triste privilegio de ser el primer aviador que tiró desde un avión iperita, gas que había sido empleado por primera vez en Ipres, al fin de la primera guerra mundial. Ni por un instante se me ocurrió pensar que aquella misión fuese una canallada o un crimen; también debo decir que no recuerdo haber tenido el menor remordimiento por lo que hacía. Es increíble la naturalidad con que pueden hacerse las mayores barbaridades cuando se tiene cierta mentalidad. Y es curioso los años que tuvieron que pasar para que yo me diese cuenta de la monstruosidad que cometía tirando gases a los poblados moros. 3
El mundo, como ven, no ha cambiado a mejor. Será bueno que tomemos nota de ello, para no volver a justificar más barbaridades
Referencias-Notas:
1. Gonzalo Puente Ojea: "En los Balcanes no sólo se ha quebrantado el orden jurídico sino también el internacional". Entrevista de Antonio José Domínguez. Mundo Obrero. 12.04.1999.
2. Joan Carrero. Hemos fallado gravemente al pueblo sirio. L'Hora. 24.12.2016.
3. Paco Vigueras. 'Cambio de Rumbo', I Parte: Memorias de Ignacio Hidalgo de Cisneros, Jefe de la Aviación Republicana durante la guerra civil. El !ndependiente de Granada. 14.11.2020.
Es bastante incómodo empezar este artículo expresando mi convencimiento de que hemos fallado gravemente al sufrido pueblo sirio. Porque me refiero especialmente a nosotros, a quienes creemos en el progresismo y el soberanismo democrático. Admiramos a todos aquellos que vinieron a arriesgar su vida en España como brigadistas internacionales, conscientes del peligro que suponía el fascismo para todo el mundo. Sin embargo, el pueblo sirio, que ha sufrido una agresión tan injustificable como la que sufrió la sociedad española de entonces, no ha merecido por nuestra parte ni tan solo unas horas dedicadas a intentar descubrir en medios alternativos de información si lo que nos cuentan los grandes y “respetables” medios es cierto o si por el contrario se trata de una propaganda verdaderamente criminal. En el ámbito del nacionalismo catalán merecería un estudio específico el hecho de que los medios más emblemáticos, incluidos los progresistas en cuestiones nacionales (TV3, Ara, Vilaweb…), en las internacionales se hayan alineado de un modo tan incondicional con la versión occidental, una versión por tanto de parte.
¡Pobre Siria, cuánto sufrimiento, qué devastación! Profundas heridas, roja sangre. Una espantosa realidad. Pero ¡qué difícil es salir de nuestra propia piel y de nuestra propia cotidianidad para ponernos en la piel abierta y en la situación trágica de las víctimas! Intentar escribir sobre Siria un artículo que se salga de los agobiantes márgenes de lo políticamente correcto (¡cuánto miedo hay a discrepar y quedar al margen!) es mucho más que un reto: es como un doloroso parto. Aunque también es una obligación moral. Lo cual no le resta en absoluto dificultad. ¿Por qué llamar “conflicto” a una terrible agresión internacional (¡otra más!) cuya realidad ha sido tan escandalosamente distorsionada? Distorsión que deberíamos haber descubierto enseguida. ¿No se hizo antes en tantos otros “conflictos” -Irak, Ruanda, Congo, Afganistán, Libia…- a fin de justificar las correspondientes agresiones “liberadoras”? ¿Cómo hemos podido volver a caer de nuevo en la misma estafa? Mikel Itulain escribía ya en 2012 en un artículo sobre Siria: “Han conseguido deformar tanto la realidad y polarizarla de tal modo, que resulta incluso difícil hablar con muchas personas, incluso cultas, con normalidad y objetividad sobre asuntos internacionales. La desinformación mediática causa estragos en una sociedad”.
Los instigadores de algo tan pavoroso son, a pesar de sus seductoras formas y su culta apariencia, e incluso su máscara progresista, unos seres tan depravados que quienes conservamos algún resto de humanidad en nuestras entrañas no deberíamos resignarnos a que continúen moviéndose libremente entre nosotros. Deberíamos habernos dado cuenta de que, como ya analizaba hace años el íntegro y prestigioso periodista estadounidense Seymour Hersh, la diferencia entre la Administración Bush y la Administración Obama estriba en que la primera estaba centrada en su propio ejército y confiada en su poderosa actuación mientras la segunda ha recurrido a las “proxy wars” en las que se utiliza a terceros, en este caso a los jihadistas (o, mejor, terroristas takfiris). Como desarrollo extensamente en mi libro La hora de los grandes “filántropos”, esta última estrategia está inspirada en la llamada doctrina Brzezinski.
Hasta desde el interior mismo del sistema atlantista, militares tan poco sospechosos de “radicalismo” como el coronel Pedro Baños explican: “Ciertamente, todos estos lodos vienen, estrictamente, de los polvos iniciales que se expandieron por Afganistán. En los primeros años ochenta del pasado siglo XX, la CIA norteamericana, el MI6 del Reino Unido y el ISI -el más grande de los tres servicios secretos paquistaníes- crearon, con el objetivo de expulsar a los soviéticos de este país, un grupo de extremistas y de fundamentalistas islámicos que consigue en muy pocos meses reunir a 50.000 combatientes de más de medio centenar de países. Así nace Al Qaeda […]. Pues bien, cuando en 2011 comienzan en Siria las revueltas contra Bashar al-Asad, […] a ‘alguien’ se le ocurre repetir la táctica y buscar a un grupo de personas militarmente bien preparado, […]. Así se crea, importando a los sunitas represaliados en Irak, el posteriormente autodenominado Estado Islámico que, en aquel momento se llamó Estado Islámico de Irak y Levante”. Por mi parte, insisto siempre en recordar que el gran artífice de aquella increíble operación en Afganistán fue, como él mismo confiesa con satisfacción, Zbigniew Brzezinski, el geoestratega en el que David Rockefeller depositó tanto poder. Insisto en ello porque es muy importante no perder nunca de vista quienes son aquellos que en Occidente mueven en realidad los hilos desde hace muchas décadas, aunque los “grandes” analistas y los medios globales de referencia no se refieran nunca a ellos.
Hemos abandonado a los sirios a su suerte. Y no me refiero a los refugiados, utilizados, de modo perverso y descarado, como excusa para devastar Siria e instaurar en ella el caos que ya reina en Libia. El 7 de septiembre de 2015 El País nos “regalaba” en portada este titular en letras de gran tamaño: “La crisis de los refugiados obliga a planear bombardeos en Siria”. Así que no me refiero solo a los refugiados. Me refiero a todo el pueblo sirio. Ya sé que “lo correcto” es hablar, de un modo apolítico y aséptico, solo de refugiados y ayuda humanitaria. Pero considero que es mucho más honesto incluirlos a todos en el término pueblo. Un pueblo, el sirio, que ha sufrido aquel crimen, el crimen contra la paz, que en 1950 los Principios de Núremberg consideraron que era “algo esencialmente perverso”, ya que “iniciar una guerra de agresión [...] no es sólo un crimen internacional, es el mayor crimen internacional, diferenciándose de los otros crímenes en que contiene en sí mismo la perversidad acumulada de los otros”. El distraer, en pleno siglo XXI, la atención de nuestra sociedad sobre la singular gravedad de los crímenes contra la paz, utilizando para ello la Declaración Universal de los Derechos Humanos (todos ellos individuales) y excitando nuestras emociones con conmovedoras historias particulares, es aún más grave que, en los siglos pasados, haber distraído la atención de la sociedad sobre la necesidad de justicia social utilizando para ello unos piadosos llamamientos a la caridad cristiana.
Ante tan tremenda tragedia, deberíamos haber empezado por cuestionarnos tantos aprioris oficiales. Si fuese cierto ese falseamiento de la realidad al que me estoy refiriendo, es evidente que, como siempre, habría una causa para ello, unos intereses geoestratégicos y económicos. Pero considero que en este artículo es preferible desenmascarar primero todos esos falsos supuestos oficiales. Creo que es importante empezar por cuestionarnos la supuesta falta de legitimidad del “déspota” Bashar al-Assad. ¿Por qué hemos dado tan fácilmente por supuesto que se trataba de un “régimen” tan despótico que hasta las totalitarias monarquías absolutas del Golfo estaban legitimadas para derrocarlo financiando hordas de feroces y fanáticos terroristas takfiris? Deberíamos habernos cuestionado también desde el principio la autoridad o legitimidad moral de Estados Unidos para arrogarse una vez más el derecho a decidir qué gobierno es legítimo o no. ¿Quién decide si Bashar al-Assad es un déspota: el pueblo sirio o Estados Unidos? Unos Estados Unidos cuyo sangriento historial, desde Vietnam hasta Siria, no puede ni ser comparado con el del “régimen” sirio, tal es su desproporcionalidad.
En todo caso, si la falta de legitimidad es justificación suficiente para arrasar un país utilizando para ello decenas de miles de sangrientos mercenarios sin escrúpulos o llevando a cabo bombardeos como los que arrasaron Libia, ¿cuántas decenas de países nos quedan aún por arrasar, empezando por las “democráticas” petromonarquías del Golfo? ¿Qué están manipulando en el interior de nuestras mentes para que sean necesarias reflexiones tan elementales como estas? Son muchos los expertos de diferentes nacionalidades que (como el estadounidense Seymour Hersh) nos han recordado desde hace años la legitimidad del Gobierno sirio. En España podríamos citar a Mikel Itulain, entre otros. Veamos que dice al respecto en algunos de sus magníficos artículos:
“[…] en Siria se aprobó el proyecto de reforma de la Constitución el 26 de febrero de 2012, con un 89.4 % a favor. […] Esta constitución es secular, no basada en el Islam o en la ley islámica, no permite partidos basados en una religión, etnia, raza u otro tipo de discriminaciones. Por tanto, excluye a cualquier partido que quiera crear un estado islámico, [lo que es un serio obstáculo para el proyecto estadounidense de sustituir los regímenes laicos árabes de Túnez, Egipto, Libia, Siria y Argelia por otros controlados por la Hermandad Musulmana]. […] Además, en la constitución se protegen ciertos derechos sociales que en Estados Unidos o en Europa se han perdido o se están perdiendo, como, por ejemplo: protección estatal para las enfermedades, la invalidez o la vejez; acceso al sistema sanitario y sistema educativo gratuito a todos los niveles. Los impuestos también serán progresivos. Y ya para que nuestros dirigentes tan poco democráticos se irriten un poco más: […] Se incluyó una disposición en la Constitución que requiere que, como mínimo, la mitad de los miembros de la Asamblea del Pueblo deben ser extraídos de las filas de los campesinos y obreros (Stephen Gowans).
[…] Finalmente se celebraron en Siria Elecciones Presidenciales el 3 de junio de este año 2014, con unos resultados contundentes, una participación del 77,42 %, pese a las amenazas y sabotajes de los mercenarios islamistas y a las trabas, prohibiciones y amenazas vertidas contra los sirios que se fueron al extranjero y querían venir a votar. […] Bashar al Assad obtuvo 88,7 % de apoyo, lo que indica que un 68,67 % de los sirios, pese a todas las dificultades puestas, le votó, y competía con otros dos candidatos que eran precisamente de la cultura predominante en el país, la suní (algo que desmiente el mito de que solo un alauita puede llegar al poder ahora en Siria y de que están oprimidos la mayoría, los sunitas). […] ¿Se volvieron locos de repente los sirios o estamos ante una de las mayores mentiras de los últimos tiempos? Y ha habido unas cuantas escandalosas.
Es duro, incluso para occidente, negar que las recientes elecciones fueron un enorme éxito para el Gobierno en Damasco, eliminando la ilusión de una Siria dividida. El país estaba sumido en un conflicto prolongado no a causa de una ‘revuelta popular’, sino a causa de una premeditada guerra con mercenarios organizada por EE.UU., Israel, y Arabia Saudí (e involucrando a otros miembros de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo) ya en el 2007 -confirmado esto en el informe del periodista ganador del premio Pulitzer 2007 Seymour Hersh y titulado ‘La redirección’ (Tony Cartalucci).
[…] El garante del mantenimiento de la tolerancia, la pluralidad y el respeto a la vida de los sirios ha sido el Gobierno sirio, encabezado por Bashar al-Assad, junto a su ejército, tan demonizados en occidente. No han hecho este papel, en realidad han hecho el opuesto, favoreciendo la barbarie, los medios de comunicación occidentales, las organizaciones ‘humanitarias’ y parte de la izquierda. Es bueno recordar aquí también, ahora que está tan presente el tema de los refugiados, que el mayor número de refugiados sirios han ido hacia zonas de Siria controladas por su gobierno. Mostrando con claridad lo que realmente ocurría y ocurre en Siria. Si no es legítimo y popular el Gobierno de Siria ya me dirán cuál lo es.”
De igual modo, deberíamos habernos cuestionado las informaciones sobre los supuestos crímenes “intolerables” del “déspota”. Tras tantas, tan perversas y tan graves mentiras en Irak, Ruanda, Libia… ¿era mucho pedir? Quienes conocemos bien las anteriores conspiraciones estadounidenses para demonizar y derrocar a otro “déspota”, el presidente hutu ruandés Juvénal Habyarimana, así como los muchos crímenes de falsa bandera (los conocemos en detalle por las declaraciones en la Audiencia Nacional de actores incluso directos) realizados en Ruanda por los asesinos del Frente Patriótico Ruandés (una asociación terrorista según el auto del juez Fernando Andreu), ya no caemos en aquella burda propaganda que, rápidamente y sin pruebas contrastadas, adjudica siempre al “sátrapa” sirio todo tipo de crímenes, incluidos los ataques con armas químicas y los ataques a hospitales.
Deberíamos habernos cuestionado también la calificación de “rebelión” que desde el comienzo se dio a la violencia desatada repentinamente en este país en el que desde hace mucho tiempo convivían armónicamente los más diversos grupos étnicos y religiosos. Deberíamos habernos cuestionado la certeza de que todo lo que allí está sucediendo se inició como una primavera árabe que buscaba democracia y libertad. Deberíamos habernos interesado por informaciones tan relevantes como la que aportaban personalidades como el general estadounidense Wesley Clark: el derrocamiento del Gobierno sirio (al igual que el de Libia y otros más) estaba decidido desde mucho antes que comenzasen allí las llamadas primaveras árabes. Hasta el coronel Pedro Baños reconocía que lo sucedido en Siria “de ninguna manera es algo espontáneo: se trata de un proceso absolutamente dirigido, manipulado e instrumentalizado desde el exterior”. Y sobre el porqué de esta agresión, añadía: “Desde el punto de vista de Estados Unidos, Bashar al-Assad […] defendía un socialismo muy particular, marcadamente anticapitalista, panarabista [todo demasiado parecido a la Libia de Muhamar Gadafi] y, por supuesto, enfrentado con las monarquías del Golfo”.
En cuanto a las insistentes “informaciones” sobre lo que posteriormente ha ido ocurriendo día a día en Siria, no vale la pena ni ocuparse de ellas: están tan sistemáticamente falseadas que sería inacabable el desenmascararlas. La periodista canadiense Eva Barlett, que ha viajado en repetidas ocasiones a Siria, respondió así al periodista noruego que le preguntó sobre cuáles serían las intenciones de los medios occidentales y de las organizaciones internacionales sobre el terreno para fabricar mentiras sobre atrocidades: “Cuénteme, ¿qué organizaciones internacionales están en Alepo? [silencio por respuesta] Vale, yo se lo digo: ninguna. Estas organizaciones confían en el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), que tiene su base de operaciones en Coventry, en Reino Unido, y que está compuesto por una sola persona, […] dependen de grupos poco fiables como los Cascos Blancos (SOHR) […], fundado en 2013 por un exmilitar británico y financiado con unos 100 millones de dólares por Estados Unidos, Reino Unido, Europa y otros países. […] dicen ser neutrales y, sin embargo, portan armas y se los puede ver de pie cerca de los cadáveres de los soldados sirios. Y sus grabaciones de vídeos muestran a niños que han sido reutilizados en diferentes reportajes. Puedes encontrar a una chica llamada Aia que sale en un reportaje en agosto, y sale el mes siguiente en dos localizaciones distintas. No son creíbles. El SOHR no es creíble. Activistas sin nombre no son creíbles. Tus fuentes en el terreno no las tienes. En cuanto a tu motivación, no tuya pero sí de ciertos medios corporativos, es la de cambio de régimen.”
No parece muy navideño el presente artículo, que estará en la página de Mallorcadiario durante la noche del 24 de diciembre. La misma noche en la que millones de familias cristianas celebran la Navidad. Pero, si no recuerdo mal, lo que celebramos en esa noche son unos acontecimientos que tienen que ver con las penalidades de una familia pobre que tuvo que desplazarse desde su aldea porque el imperio de turno necesitaba (como necesitan todos los imperios) censar a sus súbditos, controlarlos y recaudar. En la pequeña iglesia de nuestra Fundación no tenemos el típico crucifijo. Bueno, está presidida por un icono en el que se representa a un Pantocrator al que llamamos El Señor de la Buena Nueva. Pero por crucifijo tenemos el impresionante rostro de un famélico niño africano, pintado por nuestro querido amigo Cándido Ballester. ¿O acaso no fue aquel mismo que más tarde sería crucificado el que nos adelantó que en nuestro último día nos diría: “Lo que hicisteis [o dejasteis de hacer] a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis [o a mí me lo dejasteis de hacer]”?