sábado, 10 de febrero de 2018

El engaño perpetuo de las guerras "humanitarias"

La propaganda sucia y mentirosa  de medios de comunicación y de organizaciones " humanitarias" al servicio de los objetivos crueles y egoístas de las corporaciones 

Los estafadores, que abundan en la especie humana, se basan en el  desconocimiento de los hechos pasados y presentes de sus congéneres.
Les contarán que ahora y hoy lo que sucede es diferente a lo que acaeció antes. Las revoluciones en el presente  son verdaderas, las masacres horribles, siempre culpando a un lado, han sucedido y otras tantas historias, las de siempre, se realzarán para irritar los ánimos e indignar al personal contra el imaginario villano creado. De modo que gente pacífica estará dispuesta a ir a matar o morir a otro lugar o si no al menos dará la aprobación para que otros lo hagan.
Lo que hace décadas hacía la Iglesia  desde sus púlpitos hoy lo hacen las organizaciones "humanitarias" o los "periodistas independientes".
Es importante que no lo olviden.
Mirando a lo pretérito para que entiendan lo presente....

Mussolini hacía tiempo que se había  dado cuenta del poder que tenía la religión, y en especial la Iglesia católica, para movilizar a las masas. Lo expresó en una alocución atribuida a él de forma muy clara:
¡Miren esta multitud de todo país! ¿Cómo es que los políticos que gobiernan las naciones no comprenden el inmenso valor de esta fuerza internacional, de este Poder espiritual universal? (Manhattan)
Este poder y capacidad de persuasión de la Iglesia sería utilizado tanto por el régimen dictatorial italiano como por el nacionalsocialista alemán para ganar apoyo y legitimidad en sus campañas militares de invasión por Europa y por otros continentes.
La llegada al poder del fascismo y la formación de una dictadura fue un hecho clave en el desarrollo de los acontecimientos políticos y económicos del siglo XX. Poco después ocurría algo semejante en Alemania, aquí también con el apoyo de la Iglesia católica, que volvió a anular al partido católico alemán y posibilitó la llegada nazi  al poder. El fortalecimiento de estas dos sistemas fascistas actuaría como un impulsor en la creación de otros, como el epañol en 1939, y especialmente en las campañas de  invasiones y guerras que conducirían finalmente a la Segunda Guerra Mundial.
Una de estas  primeras invasiones fue la de Abisinia, por la Italia fascista. Italia controlaba Somalia, en la costa  del cuerno de África, y quería incorporar a Eritrea, también en la costa, pero esto suponía cerrarle el paso a Abisinia (hoy conocida como Etiopía), por lo que el motivo para el choque estaba preparado. Basándose en un ataque de soldados etíopes a un grupo de soldados italianos, Mussolini tuvo la excusa perfecta para poder justificar el ataque e invasión de Abisinia. La técnica de provocación al enemigo para que respondiese y así tener motivo para atacarle, no ha dejado de funcionar en la historia humana, desde Mesopotamia a Grecia, Roma o hasta el propio siglo XX o el XXI. Otra razón expresada para justificar el ataque militar fue la necesidad de expansión territorial de Italia, este tipo de argumentación sería también utilizado por Alemania bajo el régimen nazi. En el caso italiano esto sucedía durante los años de la  gran crisis: entre los años 1929 y 1934 se triplicó el número de desempleados y el descontento social se hacía difícil de mantener, incluso para la disciplina del partido fascista (Deschner, 1994). El problema no es que Italia fuese pobre, sino que los grandes terratenientes y la propia Iglesia poseían la mayor parte de  las tierras, y las más fértiles. El fascismo, pese a su retórica revolucionaria y de cambio social, era en realidad una ideología profundamente reaccionaria y atrasada. Por esta circunstancia no se atrevió a intentar expropiar tierras a estos propietarios para aliviar y mejorar la situación económica del país. Entonces, como es algo ya habitual, se pensó en realizar una campaña militar, una guerra, en este caso apelando a sentimientos nacionales, religiosos y también humanitarios. Campaña que fue llevada a cabo en el continente africano, en Abisinia. De esta forma el Estado enviaba a la gente joven sobrante, evitando problemas sociales dentro del país y obtenía beneficios con el botín de guerra. Desviando además la atención hacia un enemigo exterior creado para la situación, y así el gobierno corrupto podía hacer frente a sus malas políticas internas. Este modo de actuar, buscando un enemigo externo en tiempos de crisis, se viene realizando por la humanidad desde tiempos inmemoriales. Hoy en día, en una situación también de crisis, no deberíamos ser tan ingenuos en creer que esto no puede volver a suceder. 
Para disponer a la población hacia la guerra se recurrió a difundir y denunciar supuestas atrocidades cometidas por el “bárbaro Estado etíope”; además de mantener una exaltación continua de lo militar y del ejército, tanto en los mítines del partido como desde los púlpitos eclesiales o en la escuela. En esta última la formación era básicamente militar-fascista y religiosa, no había lugar para la ilustración y el razonamiento.
Pese a los esfuerzos de la dictadura de Mussolini, el apoyo a la guerra en  África no ganaba los adeptos deseados, porque todavía  estaban en la memoria las secuelas de la Primera Guerra Mundial: pese a que Italia no fue de los que más sufrieron la guerra tenía un balance de seiscientos mil muertos, cuatrocientos mil inválidos y miles de heridos. Es entonces cuando el estado pide a la Iglesia que actúe con su sabiduría milenaria y su gran poder de persuasión en estos temas. El Papa Pio XI califica a la guerra de “defensiva”, siguiendo una inveterada estrategia del propio Imperio romano. Los jesuitas, mediante su órgano de comunicación Civiltà Cattolica, indicaban que:
La moral teológica católica no condena en absoluto cualquier tipo de expansión económica violenta (Deschner, 1994).
El enorme poder de persuasión y convicción de la Iglesia se puso en marcha para asegurar los apoyos y el éxito al Duce, lanzando desde los púlpitos proclamas a favor del dictador y de su divina misión, y persuadiendo a través de su intrincada, extensa y efectiva red de  contactos e influencias a la ciudadanía italiana. Tal invasión fue calificada por el cardenal Schuster como:
Campaña de evangelización y en obra de la civilización cristiana para  beneficio de los bárbaros etíopes (Deschner, 1994).
Los etíopes pronto iban a conocer esos “beneficios” con el gas venenoso que les desgarraba los pulmones y con las bombas que llegaban desde los cañones italianos que destrozaban sus cuerpos. Mientras, la Sociedad de las Naciones condenaba de forma prácticamente unánime al gobierno fascista. Mussolini se quedó prácticamente solo con el apoyo de Hitler y de la Iglesia católica. Esto determinó el futuro de las relaciones de poder y de las confrontaciones que estaban por venir en Europa y en el mundo. Incluida la tragedia de España, como así fue calificada con acierto por Rudolf Rocker, al exponer los enormes intereses económicos que envolvían al conflicto español, provocado por la insurrección militar con el apoyo de los terratenientes, la Iglesia católica, las grandes empresas y el mundo financiero, tanto nacional como extranjero, así como del fascismo en el poder en Europa (Rocker, 2009). Aislada prácticamente del mundo, la España democrática de la República veía suceder sus últimos días. La contienda, en realidad una represión militar despiadada contra la población española mayoritariamente republicana y democrática, fue sustentada ideológicamente por la Iglesia católica; que tomó este mando al carecer de peso intelectual e influencia social el sector del ejército sublevado o el partido fascista español, la Falange.
Las atrocidades cometidas se disfrazaron como “cruzada cristiana contra el bolchevismo”, independientemente de que el comunismo en España no tuviese fuerza, o de que en la cruzada se matasen muchísimos cristianos por parte de los sublevados, incluidos los sacerdotes opuestos al fascismo, como ocurrió en Euskadi.
El motivo de esta guerra, tan desigual y tan brutal, fue el mantener a toda costa los privilegios de una clase alta en España que vivía en la opulencia, mientras buena parte de  las gentes del país padecían verdadera hambre. El miedo y la muerte harían acallar a aquellos que se opusiesen a este estado de las cosas. Cuando un amigo del sacerdote navarro  Marino Ayerra, autor de: No me Avergoncé del Evangelio, obra que habla sobre los días iniciales de la guerra civil en Navarra, le comentaba antes de iniciarse la sublevación que tanto al capital como a la propia Iglesia les quedaba la guerra como recurso en caso de que se presentase alguna duda hacia sus privilegios, este entonces no le concedió mucha importancia.  Los hechos le harían ver lo equivocado que estaba y la guerra serviría otra vez más para someter a una sociedad a los deseos de una minoría. En el propio libro de Marrino Ayerras se ve un dibujo muy gráfico sobre este asunto, con una bolsa de dinero (el capital, el mundo de los negocios) y una cruz (la Iglesia) apoyándose una en otra y diciendo la Iglesia: 
- ¡Tambaleamos! 
- ¡Ten fe! ¡Aún hay guerras! –respondiendo el Capital- (Ayerra, 1978).
Sobre la bolsa hay una corona, simbolizando a la monarquía e impreso sobre ella un símbolo del fascismo, la cruz gamada. Al fondo, en el horizonte y en el cielo, aparece el armamento militar: tanques y bombarderos. Los hechos demostraron una vez más que esta realidad histórica se repetiría.
El teólogo moral católico Johannes Ude obtuvo una conclusión acertada sobre los sucesos de España:
Las iglesias españolas en llamas, la mucha sangre y las espantosas atrocidades allí cometidas no debieran sino movernos a buscar a los culpables allí donde realmente se encuentran, es decir, en nuestras propias filas.Sobre los representantes de la Iglesia Católica recae una responsabilidad y una culpa tremendas, según se desprende de la confesión del cardenal Gomá y del Padre jesuita Marina.

martes, 16 de enero de 2018

Operación propagandística antirusa en un programa de viajes en Televisión Española


Comentaba en artículos anteriores que el siglo XX se enfrentó al problema creciente del poder corporativo, es decir, a la expansión de los monopolios. Esta chocó contra las ansias democráticas de unas poblaciones con necesidad de más libertad y de ser dueños del destino de sus vidas. Para paliar y finalmente acabar con estos deseos populares, las familias más ricas promovieron y se hicieron con el mando de los medios de comunicación, convirtiendo las noticias, los filmes o los programas de entretenimiento en una apología de sus intereses y en difamación de sus adversarios, distrayendo al personal de su labor de pensar y cultivarse, abandonándose a la superficialidad y consumismo promovidos. El periodista, como pueden comprender, tras venderse y perder su dignidad, se convertía en una prostituta intelectual. 
Hoy en día en el que las transnacionales dominan cualquier aspecto de la actividad social, desde la música al deporte, pasando claro está por lo económico y lo político, que determinan todo lo demás, no nos extraña, aunque no agrada, ver a un programa de viajes pensado para hacer la más descarada y repetitiva propaganda de tópicos, tan conocidos como falsos, sobre la Unión Soviética o Rusia. Y se hace porque estos eran y son competidores de los magnates propietarios de los medios audiovisuales, que tratarán de crear indignación y odio del público hacia sus rivales.
Lo hemos visto muy recientemente en la serie Diario de un nómada. Operación Plaza Roja, presentada por el viajero Miquel Silvestre. Coincidendio con el reciente aniversario de la Revolución Rusa de 1917, se utiliza una ruta en moto a lo largo de Europa llegando a Moscú, para tergiversar, alterar y denigrar la realidad pasada y también  presente, cuando interesa, de lo que fue la URSS y los países que la sucedieron.
Llegar a Ucrania y aprovechar para contarnos uno de los mitos de la ignorancia occidental sobre el pasado de esa nación, la imaginaria campaña de hambruna promovida por el gobierno de Stalin sobre este país, conocida como Holodomor. Cayendo en las más burdas manipulaciones emocionales de historias tan imposibles como inventadas, de gente muriendo por millones y madres matando a sus hijos.  Cuando la canallesca entra en el periodismo puede ocurrir de todo. Esto puede hacerse solo ante un televidente tan ignorante como carente de sentido común, que abunda sentado e impensante frente a los televisores.
Si quieren conocer con cierta sensatez esta campaña de Holodomor, promovida originariamente  por los dirigentes nazis para justificar una deseada invasión a Rusia y que posteriormente se utilizó en los Estados Unidos, como hoy se hace en todo el mundo de nuevo, para que los trabajadores occidentales odiasen a esos sistemas políticos que distribuían los bienes de producción entre todos y no en unas pocas egoístas manos, mediante la colectivización. A los que se asociaba con matanzas, penurias y otros horrores. Es decir, al trabajador se le hacía y hace odiar a quien defendía realmente su bienestar y abrazar al que es comúnmente  su verdadero enemigo, que lo explotará y abandonará sin escrúpulos a su suerte cuando no le covenga. Todas estas patrañas que se nos narra en una escenificación teatral bien pensada para llegar a los incautos, fue desmentida ya en los años 30 del pasado siglo por verdaderos reporteros del mismo Estados Unidos. Hoy, casi un siglo después, vuelven las entonces desmontadas falsificaciones, aprovechando el desguace cultural e intelectual de nuestro tiempo. Fue entonces, como en estos momentos, una manipulación emocional de la prensa. 
Ante esta falta de ética de los productores y divulgadores de este tipo de programas de consumo rápido e irreflexivo, ustedes tienen precisamente esto, la serenidad, sensatez y reflexión que pueden hacer para dilucidar lo que tiene calidad de lo que no y lo que es cierto de lo que no lo es.
El lugar de la verdad no es la simple proposición, sino la argumentación, cuya concatenación y coherencia hay que averiguar. Esta tesis y esta advertencia de Hegel son todavía más pertinentes en la época actual, cuando la verdad, más que una proposición simple y elemental, se reduce a una percepción que pretende ser inmediata e incontrovertible, pero en realidad es provocada por una imagen hábilmente manipulada o por lo menos seleccionada cuidadosamente con un fin. 1
El abuso de las emociones es moneda corriente y se emplea con fines políticos y económicos bastante turbios.
El mal de Silvestre y compañía no solo está en mentir sobre el pasado de Ucrania, también en hacerlo sobre su presente, ocultando la vuelta del fascismo a Ucrania y haciéndolo pasar como un triunfo de la democracia. La violencia existente se carga contra la policía, incluso se deja caer que fueron ellos los francotiradores  responsables de los disparos contra civiles,  cuando la realidad fue la contraria. La violencia venía de manifestantes nazis muy agresivos y es bien conocido, ya desde 2014, que los asesinos estaban a sueldo de la oposición y de potencias extranjeras, lo reconocían hasta el titular de Exteriores de Estonia Urmas Paet y la Jefa de la Diplomacia de la Unión Europea Catherine Ashton.


Lo que fue el Euromaidán no es lo que nos contaba una suplicante y embustera Yulia. Los hechos no eran nada similares y se mostraban una y otra vez a pesar que las organizaciones mediáticas los intentasen maquillar u ocultar.


El motero Miquel Silvestre estuvo en Odessa, pero pasó de largo ante una de las más horribles masacres en Europa y la más documentada, perpetrada allí en mayo de 2014.


No se dejen engañar por todos estos tramposos de la comunicación que se aprovechan del desconocimiento y la buena intención, pese a que ya prácticamente no exista el periodismo serio, el decente, no dejando lugar ni espacio para el análisis racional, ético y riguroso, porque no les conviene, ya que los descubre.
Estamos en presencia de una técnica de manipulación que "limita gravemente la libertad de elección de los espectadores"; "los espacios para el análisis racional se reducen al máximo, sobre todo explotando el efecto emotivo de la rápida sucesión de imágenes" (Dotori, 2011, pp. 43-44). 2
En esta explotación amoral continúan, hasta utilizando programas de viajes, haciendo odiar y entrar en ira contra  otras personas como usted y como yo. Que no les confundan, no caigan en la trampa.

PS:
Silvestre arremete con inusitado descaro e ignorancia contra el comunismo y Rusia. Se entiende si tiene de apoyo a BMW, que estuvo muy ligada a los nazis. Todo se explica.



Referencias-Notas:
1. Domenico Losurdo. La izquierda ausente. El Viejo Topo. 2014. p.110.
2. D. Losurdo. p.112.

domingo, 7 de enero de 2018

La manía de no querer entender la diversidad: la lengua

Que una lengua sea escrita o esté muy extendida no la hace mejor ni peor que otras,  pues todas tienen un desarrollo similar. Lo primero es consecuencia de los privilegios que se le dieron por motivos no lingüísticos, que son fundamentalmente políticos, económicos o militares 


Es costumbre larga y tristemente arraigada en el el ser humano el difamar y ridiculizar a los extraños, los no conocidos; despreciando lo que ignora y tratando de imponer lo propio a los demás, en vez de aprender de y entenderse con los otr@s.
Ya de niños nos enfrentamos a la contradicción que se nos muestra en conocidos relatos bíblicos, que trascienden lo religioso, como son el de la Torre de Babel y el de Pentecostés. En el primero como ejemplo de la confusión que se genera al no tener una lengua común y en el segundo, más lógico y natural, el abrirse al mundo conociendo y aceptando su diversidad.
Todavía muchas personas sostienen que un idioma, el que fuese, haría todo más fácil para tod@s, porque a fin de cuentas estos sirven para comunicarnos y transmitir información. Sin tener en cuenta que la información no es algo que esté por ahí en paquetes y la comunicamos sin más, no entendiendo que nosotros, como cualquier ser vivo, crea información del mundo que le rodea y que las lenguas son instrumentos para crearla, cada uno a su manera, pero no de forma igual. 
En conclusión, no puede mantenerse que las lenguas están hechas para para transmitir pasivamente información, sino más bien para contribuir a la creación de información, dado que, al no ser un objeto, la información no se puede transmitir, sino solo provocar. 1
Por ese motivo son herramientas tan útiles y debemos preservar el legado recibido, ya que no hacerlo nos condena a una mayor pobreza cultural y cognitiva.
Además, el no entender que la uniformidad no solo va contra natura sino que constituye uno de los mayores errores que puede cometer un ser vivo, porque lo dejan con muy poca capacidad de respuesta ante el medio cambiante, muestra, una vez más, como los condicionantes políticos y la eterna manía de imponer al prójimo nuestra forma de ser y pensamiento siguen muy vigentes.

Referencias-Notas:
1. Juan Carlos Moreno Cabrera. De Babel a Pentecostés.  Manifiesto plurilingüista. Horsori. 2006. p.15. 

lunes, 1 de enero de 2018

Algunas reflexiones sobre el año 2017. Parte II.



Este año que ya ha finalizado también marca la derrota del ataque despiadado, injusto y vil al que ha sido sometida Siria desde el 2011 por parte de las hordas de mercenarios terroristas entrenadas, armadas y financiadas para hacer el mal por los servicios de inteligencia occidentales y sus socios locales: Arabia Saudí, Catar, Israel, Turquía o Jordania durante años. Como durante muchos años, nos remontamos a la decada de 1950 del pasado siglo, llevaban los dirigentes políticos y económicos de Estados Unidos o Gran Bretaña intentando someter mediante la fuerza y el engaño a esta nación tan indómita y libre.
Pese a todo, muchos imberbes, desalmados y oportunistas tergiversarán, mentirán u ocultarán la terrible realidad que han sufrido los sirios y sirias: Una agresión mercenaria exterior y no una rebelión popular ni pacífica.
Con este buen fin de un mal comienzo, muy poco comprendido en nuestras sociedades debido a la persistente acción desinformadora e intoxicadora de los medios de comunicación, vemos que la llamada izquierda política aquí presente no cumple con su función teórica de poner en práctica, no de parlotear sobre el asunto sin llegar a ninguna parte, un mundo más justo y equilibrado no solo en su país, sino en cualquier otro. Así, en su desconocimiento interesado, apoda como fascismo todo lo que choca con sus intereses, sin querer ver qué es realmente el fascismo y por qué surgio; desde luego ante gente mucho más honesta y seria que la que tenemos ahora. Por supuesto, no caía bien en estos actores de la política ciertos justificados reproches a su penosa conducta y criterio
Y lo que es más doloroso para la izquierda y puede que por ese motivo esté levantando fantasmas haya donde no los hay, esta, la izquierda occidental, no supone ningún rival ni ninguna amenaza para la oligarquía industrial y financiera. Carecen de coherencia. Su discurso está vacío y terriblemente falto de hechos. No son ejemplo de nada, porque nada realmente aportan. No mejoran la situación de pobreza, no ayudan a salir de su precariedad a los marginados. No muestran con hechos que se puede colectivizar los recursos del país. No se atreven a hacerlo. Hablan todo el día pero no hacen nada. Por eso no tienen credibilidad y por eso, como hacen organizaciones de postureo y ruido como Podemos, recurren a eso mismo, a los fuegos de artificio cuando no hay chispa verdadera alguna.Eso sí, como perro del hortelano que no come ni deja comer, muchos pondrán todas las trabas que puedan allí donde la izquierda sí hace algo real y material por la gente, como ocurre en Venezuela.
Tampoco  nos pillaría por sorpresa la actitud de la izquierda española ante la cruel y disparatada represión  de las fuerzas de seguridad españolas sobre la población catalana que quería ejercer su derecho a decidir su futuro político y formar una República para su país. Ya lo advertía entonces: Verán, lo pueden ver ya, como buena parte de la izquierda española sale a hacer el trabajo sucio de defensa de su inconfesado pero profundo e innegable nacionalismo español. No son capaces de hacer nada por su país y piden que otros se queden en esa penuria.
Es fácil denunciar conflictos lejanos donde sabes que lo que haces no va a suponer ningún contratiempo para ti y que no va a cambiar nada. Es más complicado cuando esto puede tener repercusiones y especialmente si ocurre aquí. Es aleccionador ver el comportamiento de esa izquierda, la oficial y la "alternativa", ante la persecución política en Cataluña y como se comportan con el gobierno que seguramente más se preocupa por el bienestar social en el mundo, el de Nicolás Maduro.
Si son algo integros y coherentes comprenderán por qué está el ejecutivo que está en España, basta ver lo que hay a su siniestra.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Algunas reflexiones sobre el año 2017. Parte I

Nicolás Maduro ha mostrado su talla política a nivel nacional e internacional 

Llega el final de este año, uno más en nuestras vidas, que no es poco.
¿Hemos aprendido algo valioso de él o seguimos en las mismas de no querer entender este mundo en el que vivimos?
Dos mil diecisiete supuso el fin de la era Obama, un fraude en todos los sentidos, y la llegada de un presidente aparentemente atípico, pero que como sus predecesores sigue la agenda corporativa cometiendo los conocidos desmanes y disparates a los que estamos ya habituados de las administraciones estadounidenses.
También pudo habernos enseñado que no puedes creer a personas que supuestamente defienden a los refugiados que llegan de de los conflictos generados por occidente en el norte de África o en Oriente Medio, cuando esos mismos han justificado esas agresiones externas contra estados realmente democráticos, como era Libia o es Siria,  que son las que han provocado esa tragedia. Del mismo modo, que estos "progresistas" se fijasen en unos refugiados y no en otros, es el caso de los que se originaron por la llegada del fascismo a Ucrania, especialmente en Donbass, con la mayor limpieza étnica y ola de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial contra las personas de cultura rusa promovida por la junta neonazi de Kiev, delata una segunda intención, utilizar a todas estas personas como arma política y justificante contra precisamente los gobiernos de sus países,  los de los inmigrantes, acusándolos falsamente de ser los generadores de tal problema. Además, y para colmo, se utiliza a esas personas desesperadas como mano de obra barata para destruir las condiciones laborales en Europa. Ese análisis necesario sobre si debe haber fronteras abiertas o no a los refugiados lo tienen aquí.
Libia fue destruida, ahora organizaciones "humanitarias" se quejan de que no solo el país está destrozado y en la miseria, sino que la esclavitud es ya moneda corriente, cuando ellas mismas participaron activamente en esa destrucción: Amnistía Internacional en Libia. 
Occidente vive en su arrogante burbuja de sordera y ceguera, y no sale de ella.
A resultas de esto, ¿nos interesa realmente lo que ocurre en otras partes del mundo que no sea el nuestro? ¿Nos interesa, por ejemplo, lo que realmente sucede en Siria?
En este egoísmo y ofuscación  somos presa fácil del engaño y de la manipulación de las emociones para promover conflictos bélicos por parte de dirigentes desaprensivos que harán negocio con el severo sufrimiento ajeno. En la creación de esa ignorancia, cerrazón y miedo en la sociedad intervienen de forma fundamental los medios de comunicación. No olvidemos, lo hacen de forma intencionada, pues son los portavoces del entramado de las corporaciones financieras e industriales. Siempre fue mejor para la explotación económica  tener gente embrutecida y atemorizada que crítica y solidaria. Hoy en día no podía ser diferente. Y tengamos presente, los que se autotitulan como progresistas  no son mejores, son otra estrategia para el mismo objetivo.
Hasta qué punto diarios, televisiones y radios condicionan y confunden al público lo podemos ver en numerosos ejemplos.  Uno ya casi olvidado y que sigue arrastrando desinformación en abundancia es la guerra en Yugoslavia, de hace ya más de dos décadas. Lo recordaba para los atónitos en una entrevista. Mal en nuestra comprensión del pasado más o menos reciente, aunque no es mejor ahora. ¿Están los que le rodean dispuestos a escuchar lo que tiene lugar en Venezuela o a seguir con los chascarrillos y mentiras facilonas? ¿Vemos su titánica y acertada lucha por la democracia?
¿Queremos verlo o seguimos encerrados y atrapados por las falsedades que nos bloquean y no nos dejan avanzar?

domingo, 24 de diciembre de 2017

Navidad sin religión

El Sol, tan intimamente e inseparablemente unido a lo religioso 

La Navidad es un acontecimiento social en el que se reúnen las familias, las que se reúnen, para vivir momentos especiales en comunidad. Estos momentos tienen que ver con muchos aspectos, entre ellos el religioso, inevitablemente ligado a estas fechas. Para los cristianos es el recordatorio del nacimiento de Cristo. Pero en un sentido más profundo todavía, la Navidad nos recuerda el nacimiento de un  Dios real, nuesta estrella, el Sol, al que le debemos nuestra vida cada día. Diciembre es el mes en el que las horas de luz menguan, hasta casi parecer perecer en los atardeceres. Pero pasaso el solsticio y llegado el 25 de diciembre se produce el fenómeno inverso, el renacimiento de la luz, la Navidad. De aquí viene todo lo demás y que los hombres rememoran a través de los milenios de su existencia.
¿Podemos vivir esta época sin religión? Sí,  hoy en día en buena medida así se hace, no se recuerda a Cristo y menos aún al propio origen de ese Dios cristiano y de otros tantos dioses de diferentes religiones, el mencionado Sol.
Y si se puede hacer, ¿es de esta forma mejor? ¿Es el mundo mejor sin religión? 
Sinceramente les digo que no. Lo vemos en nuestra sociedad de hoy, que puede que no sea peor que otras pasadas, pero desde luego no es mejor.
Para aquellos que planteen que al no haber creencias religiosas se eliminaría el pensamiento irracional, la fe ciega, el creer sin pruebas o la intolerancia, que son características  del lado oscuro de esa fe, les recordaría, si quieren atender a ello, que son esas propiedades de la naturaleza humana, independientemente de que usted crea o no en lo sobrenatural. Y si no aciertan a comprender esto que les digo no tienen más que comprobar como librepensadores, científicos y personas que se autocreen como ilustradas y racionales, se comen con patatas la propaganda de guerra de los conflictos humanos que se provocan a lo largo y ancho del planeta. Les pongo unos pocos ejemplos, analicen lo que creen tod@s est@s señores y señoras en sucesos que ocurrieron hace años y que la investigación histórica ya esclareció para quien quisiera atender a los hechos y no a las machaconas campañas mediáticas ad hoc. Estos son: El mito de Holodomor, la Masacre de Srebrenica o lo que pasó más recientemente en Libia o en Siria. 
Hay quien quiere ver todos los males en otros, pero no se molesta en escuchar a esos otros y lo que es tanto peor, como el más ciego entre de los ciegos se niega a ver su propia ceguera. 
Feliz Navidad.

jueves, 7 de diciembre de 2017

La conquista de Cuba por los Estados Unidos: un engaño de los medios de comunicación

Deshumanizar al rival y acusarlo de atrocidades son constantes en la propaganda de guerra

Los nacientes Estados Unidos ya competían con las potencias europeas y de ellas iban a heredar su ambición guerrera y expansionista, así como los medios de persuasión y propaganda utilizados para justificar tales campañas bélicas, los llamados medios de comunicación.
España ya era un imperio en declive, pero todavía poseía territorios largamente deseados por EE.UU.: Filipinas era uno de ellos, pero en especial lo era Cuba. Esta isla como  antesala a la costa este estadounidense, y tanto para el control del Caribe como por la propia riqueza de ella, suponía un sueño anhelado por el mundo empresarial norteamericano. En la isla pronto se asentaron ciudadanos estadounidenses que comenzaron a comprar terrenos para crear grandes plantaciones.
Es a finales  del siglo XIX cuando el malestar por la ocupación española termina en una insurrección. Esto es visto con buenos ojos por el gobierno de EE.UU., no porque deseasen que Cuba realmente lograse su libertad, sino porque veían la oportunidad para ocupar el lugar de España. Hasta entonces no lo habían intentado ellos directamente por la vía militar porque tenían miedo de la respuesta europea, especialmente de los británicos. Son cautelosos, y entre el apoyo disimulado a la revuelta y el recelo que tenían sobre los revolucionarios, que eran principalmente antiguos esclavos negros, dejan que se vayan desarrollando los acontecimientos. No obstante, la campaña para intervenir ya se había activado en el país, en ella se aludía a una lucha por la libertad y contra la tiranía española. Cuando la situación se vuelve peligrosa para el empresariado, debido a que la revolución puede convertirse en algo similar a lo que pasó en Haití, donde los esclavos negros consiguieron la independencia de los franceses y el control del poder, la Administración estadounidense se pone en marcha para el ataque. Y como en toda guerra se necesitan pretextos, EE.UU. entonces decide enviar,  en enero de 1898, un buque militar, el Maine, al puerto de La Habana, con la excusa de que van allí para proteger a los ciudadanos estadounidenses de la isla. En el mes de febrero el buque es hundido y estalla la ira en el país norteamericano, acusando a los españoles de “sucia traición”. En realidad nada probó entonces, ni tampoco después, que los españoles tuviesen algo que ver con tal acto. “Por casualidad” el cargamento de armas y explosivos estaba junto al depósito de carbón y estalló por una explosión interna. No hace  falta decir a quién favorecía tal explosión. Enseguida los periódicos comenzaron una intensa campaña de acusación hacia España, clamando por la intervención militar. Destacaron entre estos “periodistas”: William Randolph Hearts y Joseph Pulitzer, que utilizaron el sensacionalismo en vez de realizar una información objetiva. Era la propaganda de guerra, tal y como es hoy en día también. Hablaban de violaciones, abusos y asesinatos, mostrando la monstruosidad y barbarie de los españoles. Esto lo acompañaban con imágenes, dibujos o fotos que provocaran una exaltación de la irracionalidad y el odio hacia lo español. El propio Hearts contrató a un fotógrafo que envió a Cuba, y al comentarle este que no había guerra que fotografiar, Hearts le respondió:
Tú preocúpate de las fotos que yo me preocuparé de la guerra (American Foreign Affairs, 1895-1920).
Si no hay guerra se inventa y si no hay conflicto se provoca. Todo esto mostraba la nula voluntad de  informar del periodista, y en realidad de buscar deliberadamente la manipulación de la información. Esto recuerda al caso de Libia en el año 2011, donde se aclamó tanto por los grandes medios de comunicación audiovisuales, por ejemplo la BBC o la propia televisión española, TVE, así como por la prensa escrita: El País, ABC o La Vanguardia, etc., y por organizaciones humanitarias, como Human Rights Watch, que Gadafi había bombardeado a civiles en Trípoli causando centenares o miles de muertos (Itulain, 30.8.2012). Los vecinos  que vivían allí, así como algún periodista que se desplazó al lugar de los supuestos hechos para comprobar si aquello era cierto, negaron que hubiesen sucedido tales bombardeos o ataques a la población. Las observaciones por satélite también lo desmintieron (RT, 2011). Los telediarios, los periódicos y otros medios, a pesar de ir contra todas las evidencias, siguieron a lo suyo, encargándose de promocionar e instigar la guerra. “Tú preocúpate de las fotos que yo ya me preocuparé de que haya guerra”, ese fue su lema, hasta que al final obtuvieron lo que deseaban, la guerra y la brutalidad que la acompaña.
No es extraño tampoco que a otro “periodista” del estilo de Pulitzer y sus colegas, Roy Gutman, le diesen precisamente el premio Pulitzer, el que lleva el nombre del periodista sensacionalista, por una descarada manipulación fotográfica durante la guerra contra Yugoslavia a final del siglo XX; en la que se trataba de mostrar la existencia de  un campo de concentración creado por los serbios, aunque en realidad no había tal campo. Se trataba de hecho de  una zona de refugiados, libres en sus movimientos, que el periodista trató de mostrar, manipulando y falsificando la realidad, como un centro al estilo de los que llevaron a cabo los nazis en otros tiempos; para ello se situó detrás de la alambrada  de un campo agrícola adyacente y  fotografió a algunas de los hombres presentes allí, tomando como centro de la imagen a una persona enferma, posiblemente con tuberculosis (Deichmann, 1998). Se premiaba con el Pulitzer la deshonestidad periodística. Tal vez sea ese el motivo real del premio, haciendo honor a su nombre.
Todos estos supuestos periodistas lo que hacían y hacen en realidad era servir a los intereses del mundo de los más poderosos, que deseaban que la guerra se diese porque resultaría muy provechosa para sus intereses económicos. Años después de la guerra en Cuba, el que fue presidente de la Oficina de Comercio Exterior del Departamento de Comercio estadounidense reconocería que:
La guerra entre Estados Unidos y España no fue sino un incidente de un movimiento general de expansión, que tenía sus raíces en el nuevo entorno de una capacidad industrial mucho mayor que nuestra capacidad de consumo doméstico (Zinm, p.271).
Se aceptan finalmente las causas de las guerras tiempo después, cuando ya no hay peligro de que el proyecto se malogre o los causantes puedan ser acusados y procesados. Pero cuando suceden, prácticamente nadie le presta atención a ello, a estas causas reales, a las económicas, generando así en el futuro un nuevo ciclo de guerras con similares justificaciones y similares motivaciones. Definitivamente el ser humano no aprende ni de su propia historia. Por este motivo la anarquista y feminista Emma Goldman se lamentaba de cómo la misma izquierda contribuyó a otra guerra comercial encubierta en deber humanitario:
¡Cómo bullían de indignación nuestros corazones contra los malvados españoles! Pero cuando se hubo disipado el humo, enterraron a los muertos y pasaron la factura de la guerra a la gente con un aumento del precio de los productos y los alquileres -es decir, cuando se nos pasó la embriaguez de nuestra juerga patriótica- de repente caímos en la cuenta de que la causa de la guerra hispano-americana era el precio del azúcar... que las vidas, la sangre y el dinero del pueblo americano se usaron para proteger los intereses de los capitalistas americanos. (Howard Zinn. A People History of the United States. New York: Harper Collins Publication, 2003).  
Obviamente también había oposición a esta guerra, a la cual veían como un modo de ganar más dinero y poder por parte de los hombres ricos que dirigían el país, enviando a la lucha a los más desfavorecidos de la sociedad para que matasen a personas en favor y beneficio de aquellos que los enviaban. Un socialista escribía en el Voice of Labor de San Francisco:
Es terrible pensar que mandarán a los pobres trabajadores de este país a herir y matar a los pobres trabajadores españoles, solo porque unos pocos dirigentes les inciten a hacerlo (Zinn, p.272 ).
Pero la incesante campaña en los grandes medios de comunicación a favor de la  guerra con España dio su resultado. A diario se llenaban las páginas de los periódicos con imágenes y titulares impactantes, mostrando las supuestas atrocidades de los españoles y recordando el slogan “Recuerda el Maine, al infierno con España” (Sanders, 2002).
La guerra volvió a ser muy beneficicios para los dirigentes  estadounidenses, ya que no solo se hicieron con Cuba, sino que también les dejó en sus manos Puerto Rico, Guam y más tarde las Filipinas. El Caribe y el Pacífico se abrían por la fuerza militar al cartel empresarial norteamericano.
Que duda cabe que de esta “guerrita espléndida”, como la calificó el secretario de Estado John Hay, aprendió muchas cosas la élite estadounidense y de aquí en adelante no pararon de fomentar otras tantas y de extender su influencia. Las guerras resultaron ser muy provechosas para sus intereses egoístas. No tardaron las compañías estadounidenses de la minería, de la construcción, del ferrocarril y las azucareras y tabaqueras en ocupar la isla y hacerse con todo su  control. La United Fruit y la American Tobacco acapararon los mejores terrenos de cultivo y la Aceros Bethlehem los recursos mineros (Zinn, p.274).

PS: Texto de mi obra Justificando la guerra (2012).