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martes, 6 de diciembre de 2016

La corporocracia teme a la libertad de expresión


Vivimos un tiempo de cambio, de posible cambio hacia el final del dominio casi absoluto que está estableciendo en nuestro mundo la corporocracia. Es decir, el poner coto y a ser posible eliminar la tiranía política, económica o mediática ejercida por las familias más ricas poseedoras de las corporaciones industriales y financieras.
Es en esta última tiranía, la mediática, y en la primera, la política, donde muestran gran preocupación estos verdaderos dictadores de nuestras sociedades; en la económica también existe esa desasosiego, al ser consecuencia de las otras. La primera deviene por el rechazo hacia aquellos partidos y personas que como títeres han seguido las órdenes de tan egoístas grandes propietarios, triunfando ahora los que apuestan por devolver al estado su función, los nacionalistas. Función que había sido arrebatada por exclusivos intereses de los más opulentos y menos morales.
Como ninguna sociedad basada en las profundas desigualades y en la descarnada explotación puede mantenerse si no recurre al engaño, resultan de inevitable presencia los medios y formas con que este se extenderá e inculcará.  Es la labor fundamental y principal a desempeñar por los medios de comunicación en nuestra sociedad.
Por estos motivos mencionados, resulta de importancia capital el crear una visión artificial del mundo que concuerde con los intereses de los dirigentes, embaucando al mismo tiempo que distrayendo y alienando a la opinión pública. Sin embargo, y pese al no solo abrumador sino dominio total de los media por parte de las corporaciones, ocurre que no todo el mundo es engañable. Como dice el dicho: puedes engañar a algunos siempre, a una mayoría cierto tiempo, pero no a todos todo el tiempo. Y ante el hartzago por las continuas, graves y contrastadas falsedades; ante el ver que lo que por las más variopintas formas de comunicación se expone no tiene nada que ver con el mundo que uno vive; entonces una mente cuerda y lógica buscará, como busca, otras fuentes con las que poder obtener información fiable y, en consecuencia, tener base para poder tomar decisiones cabales. Esta búsqueda de nuevas fuentes la vemos allí donde queda algún residuo de acceso a la libertad y la democracia en las vías de comunicación e información, ocurre en internet. Aquí una persona sensata y honesta puede comprobar y demostrar las continuas falacias y miserias profesionales y personales en que incurren los denominados periodistas; palabra grande esta para quienes no son sino siervos que denigran su profesión.
Y es esta acción responsable y honesta de las personas que no gozan del privilegio la que realmente irrita y preocupa a esta nueva inquisición corporativa. No pueden tolerar que se les deje en evidencia ante sus continuas y groseras mentiras, ante su carencia de cualquier valor humano verdadero, ante su aversión a cualquier atisbo de participación real y crítica de la población en los asuntos políticos y económicos.  Una población así ya no es un ente estúpido, sino un conjunto de personas pensantes que pretenden y están decididos a organizar sus vidas para poder llevar una existencia digna. Ya no son esos meros consumidores pasivos, explotados hasta límites increíbles que en su alienación carecen de cualquier opinión o decisión social congruente. De ahí la preocupación del inquisidor y de ahí su respuesta. La podemos ver en la red de unión que han desarrollado medios de comunicación y organizaciones "humanitarias", todos ellos corporativos, para según su opinión combatir la "desinformación" y establecer relaciones de cooperación entre ellos. 1
Esta "desinformación" de la que hablan procede de las vías que estos casi todopoderosos medios no pueden controlar completamente. Pretenden llamar desinformación a las rigurosas argumentaciones y pruebas que exponen al verdadero rostro de los reales desinformadores profesionales que no son sino ellos mismos. Es este en realidad un intento, vano, de censura y descrédito hacia la persona informada y objetiva que desmonta con tan pocos medios y tan fácilmente el entramado de falsedad del mundo de la comunicación. 
Que exista esa unión entre medios y esas apodadas como organizaciones "humanitarias" no hace sino mostrar una vez más  el carácter tan deshonesto como fraudulento de tal dúo.  Que otras corporaciones, como Google o Facebook (tan inmorales y poco éticas), estén en ese juego, no hace sino mostrar la farsa y mala intención de tal propósito. Ambas fomentaron,  por ejemplo, el despiadado ataque que sufrieron y sufren las poblaciones de Oriente Medio y del norte de África en la recolonización occidental llamada "Primavera Árabe".
Están preocupados, y tienen motivos para estarlo, por la creciente respuesta popular a crear información y compartirla, con el fin de combatir la masiva desinformación que estas gigantescas y adineradas empresas extienden. Es una guerra que estan perdiendo batalla a batalla y este es, como decía, un intento poco limpio de desacreditar  y censurar a sus valerosos oponentes. Un borrón más en su oscuro historial al servicio no del periodismo, menos de la ética y de la objetividad, sino al de los intereses de sus tiránicos dueños.

Referencias-Notas:
1. Social networks unite with global newsrooms to take action against misinformation online. FIRSTDRAFTnews. 13.9.2016.
2. Ulson Gunnar. Facebook, Twitter, Western Media Attempt to Reassert Monopoly Over "Truth". Land Destroyer. 3.10.2016.

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