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jueves, 16 de agosto de 2012

Tiempo de estío



 Con la llegada del tiempo estival conviene romper y salir de la rutina diaria, aquí le dedico unas líneas a este tiempo hermoso y necesario.
Llegado el mes de agosto, y con él los habituales rigores del calor, la actividad humana parece ralentizarse, parece, aunque luego  la realidad cotidiana pueda decir lo contrario.
Es buen tiempo para olvidarse un poco del mundanal ruido y refugiarse e integrarse en el mundo natural, en el campo, el monte o el mar.
En estos días ardientes, con el implacable sol sobre nosotros,  se pueden ver a las  bellas e inteligentes perdices tratando de aliviar el calor buscando la sombra y abriendo sus picos para con la evaporación reducir su temperatura corporal. Es tiempo donde las veremos con sus familias numerosas, polladas de perdigones que caminan y corren detrás de sus padres aprendiendo toda la sabiduría que sus progenitores les enseñarán en unos pocos meses. Se las puede ver con calma y sosiego en cualquier lugar perdido de nuestra campiña donde rara vez pasa algún transeúnte, salvo los pastores, agricultores o ganaderos. Y hoy incluso apenas estos, ya que la tecnificación del campo, la utilización de maquinaria moderna, ha reducido de forma drástica y dramática el contacto del hombre con el medio natural.
Cuando llega la noche los jabalíes bajarán a los valles desde los montes, donde pasaron el caluroso día sesteando a la sombra de los robles, encinas o hayas. La  noche será el momento de buscar el sustento y de beber y bañarse en las balsas y pozas de agua. Cuando amanece volverán a su lugar de descanso, lugar oculto y secreto donde evitarán al ser humano.
A la noche también se podrá oír el canto incesante y sosegante de los grillos, que llenan el ambiente con esta característica melodía del verano. Momento que unido a la frescura de la noche produce una  sensación de descanso y tranquilidad.
El inmenso cielo estrellado de las noches de verano nos mostrará la grandiosidad del universo y nuestra propia insignificancia dentro de él. Seguramente a más de un poderoso magnate le haría falta contemplar a menudo esta visión, porque pasar una vida acumulando riqueza y poder a costa de hacer la vida peor y más difícil a los demás no deja de ser en el fondo una tarea fútil y desdichada.
Tiempo de estío, tiempo para la reflexión y el sosiego, de lo que tanto carecemos y tanto necesitamos.

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