viernes, 24 de marzo de 2017

Los tiempos pasan, pero no cambian para la guerra

El dirigente serbio Solovodan Milosevic, "el rostro del mal" que no era, dejado morir y exculpado recientemente de las falsas acusaciones vertidas contra él por defender su país, Yugoslavia, de una agresión exterior 

Las contiendas bélicas han acompañado siempre al ser humano, y su apología o justificación también. No solo data ya de tiempos de los griegos, donde un principio de democracia requería técnicas más sutiles de control, sino que se remonta a la prehistoria, y a los primeros grupos humanos, donde el control social era importante, como lo es hoy. Se puede ver ya su presencia en los restos de la cultura egipcia, donde se llevan a cabo alabanzas a sus soberanos, los faraones, y sus campañas militares. Ejemplo de ello es el Poema de Pentaur, que hace una exaltación de su líder el faraón Ramses II en la batalla de Qadesh contra el rey hitita Muwatali II.
Su majestad era un señor pleno de juventud, activo, sus miembros potentes…, su corazón vigoroso…, su fuerza como la de Montu…, perfecto de aspecto como Atum, era regocijante ver su belleza…, grande de victorias…
¡Oh Ramsés, corazón inquebrantable, has hecho más tú solo que el ejército entero! ¡Ante tu espada victoriosa se ha hundido el país de los Khetis! ¡Nadie se te parece cuando peleas por tu pueblo en el día de la batalla! (El Poema de Pentaur).
Esta apología o propaganda era común en todos los reinos e imperios, tanto de occidente como de oriente, o de cualquier otra parte del mundo. 
En oriente tenemos la obra de Sun Tzu, escrita hacia el siglo V AC, El Arte de la Guerra. Dicha obra se centra en que el arte de la guerra se basa en el engaño y en que el supremo arte es someter al enemigo sin luchar. También en Grecia la apología fue un factor importante, con la propia deificación de sus jefes, como lo fue en Macedonia hacia  Alejandro Magno. De hecho, los romanos copiaron esta exaltación de los dirigentes, con imágenes y estatuas, para ganar el apoyo y la admiración de los gobernados.
Atenas en su tiempo se creía poseedora de unos valores y una cultura superior a otras sociedades, se autoalababa ensalzando su democracia, su sistema judicial, su cultura o su propio ejército; creyéndose en superioridad moral sobre otros estados rivales, como Esparta. Mostraba en realidad, en este aspecto, un comportamiento muy similar al que luego tendrían Roma o milenios después los Estados Unidos de América. 
Todos los grandes imperios se expandieron mediante la guerra, y para llevar a cabo esta tarea fuera de su propio país  era necesaria la apología, la propaganda, para convencer a aquellos que no veían razón para ir a otras tierras a luchar y  matar a personas desconocidas.
Roma fue uno de esos grandes imperios, al menos lo fue en su extensión territorial y en su poderío militar. No obstante, para quienes lo sufrieron seguramente no fue tan grande, en el sentido de sus supuestas cualidades loables.
Roma destacó por su gran ambición expansionista y  las invasiones militares fueron la razón de su ser y el motor de su desarrollo. Por este motivo tuvo que hacer gala de una notoria exaltación de ella misma, de sus instituciones, de sus gobernantes y de su supuesta superioridad cultural y moral. 
Los imperios han cambiado poco desde entonces, mediante la violencia invaden, roban y explotan a otros países, y mediante la adulación, la exaltación y la apología adornan estos actos poco dignos con justificaciones y bellas palabras que los encubren y enmascaran.
La guerra permitía vivir en la opulencia y en el lujo a la clase dirigente, y los de esta clase  eran quienes pagaban y formaban a los oradores y escritores que contaban las narraciones e historias adecuadas a los intereses de sus dueños; de forma que esto permitiese conservar su status social y económico y,  a la vez, su pueblo los amase, o al menos los  soportase. Algo que por cierto poco ha cambiado con los siglos. Hoy a estos oradores y escritores aduladores se les conoce en nuestro  mundo occidental con el apodo de "prensa libre".
Es importante recordar también que los historiadores o escritores de entonces no mostraban a Roma como al agresor en los conflictos bélicos. Se buscaban siempre pretextos, echando la culpa al enemigo, Roma sólo se defendía y salvaba  a otros pueblos. Cómo nos suena esta cantinela, ¿verdad? "Ayuda humanitaria", "defensa de la paz y la democracia".... Qué poco  cambia el ser humano, qué poco cambia a mejor. 
Roma enviaba emisarios con propuestas de acuerdos para la paz, de modo que si las rechazaba el enemigo le daba a Roma el poder moral, de cara a su población y a sus aliados, para poder atacar. Ni que decir tiene que las propuestas eran prácticamente inasumibles por sus rivales, y Roma bien que lo sabía. A la élite romana no le interesaban las negociaciones políticas, sino la guerra, ya que con su poderío militar podían mantener su estatus y ganar más riqueza y territorios; sin embargo , esto era necesario disfrazarlo y encubrirlo de modo que no apareciesen como un mero agresor. A la élite romana entonces, como a la élite estadounidense actual, no le interesaba la paz, le interesaba la guerra, y entonces, como ahora, no contaban sus verdaderas intenciones en público sobre sus verdaderos propósitos. Si quieren les pongo un ejemplo presente de forma de actuar muy similar a lo que hemos visto con el dueño del Mare Nostrum, también bajo la apariencia de acuerdos de paz. Eso fue lo que hizo Estados Unidos con Serbia en los llamados Acuerdos de Rambouillet de 1999, donde le impuso al débil país balcano unas condiciones inaceptables para cualquier nación; de forma que una negativa, que era lógica, a estos acuerdos se presentó como  intransigencia por parte de este, dando pie a la declaración del ataque militar que luego se produjo. ¿Cómo iba a admitir Serbia, ni cualquier otro país, que una organización militar extranjera (la OTAN) mandase en su territorio, que pudiese hacer y deshacer lo que quisiese en su país con total impunidad penal? No obstante, los medios de comunicación, los actuales oradores contratados, contaron otra cosa bien diferente a la real, para engañar, despistar e incluso irritar a la población de los países agresores contra el que sufría realmente el ataque.
Entre los escritores romanos al servicio del poder del momento tenemos a Livy y Polybius, que solían mantener que Roma era la víctima de la agresión. Como así hicieron en las guerras púnicas contra Cartago, en las que la toma de Cerdeña por Roma, y la interferencia en la península ibérica, provocaron la  intervención de los cartagineses. (P.M. Taylor. 2003) También en esto la historia experimentaría escasas variaciones y los métodos de Roma se repetirían por los siguientes imperios, incluido otra vez el estadounidense actual. Así, el provocar la guerra contra Cartago recuerda demasiado a lo llevado a cabo por EE.UU. contra Japón en la  Segunda Guerra Mundial (Jacques Pauwels 2002). Una potencia militar superior provoca a otra, que no es suficiente rival, para entrar en el terreno donde la vencerá, mediante la acción militar, y de este modo podrá quitarle sus mercados, sus recursos, sus riquezas y así proceder a su sometimiento y amarga explotación. Como ven: Tempus fugit (el tiempo vuela), pero apenas cambia. 

De Justificando la guerra.

jueves, 16 de marzo de 2017

Siria: ¿nos interesa su realidad?

Los medios de comunicación como difamadores e inventores de "realidades"

A resultas de un proyecto de un estudiante de Medios Audiovisuales en la Universidad de Mataró para conocer lo ocurrido en Siria, les adjunto la siguiente entrevista hecha a mí sobre tal asunto que tan confuso parece aquí, en nuestros países de Europa o de Norteamérica.
Las preguntas, como es ya habitual, toman por hechos lo que no son sino proyecciones interesadas de la ideología dominante occidental en relación a estas naciones a las que se les quiere imponer no solo sus políticas sociales y económicas, sino su historia. Una historia artificial y falsa que está reñida y en oposición frontal con la real de los sirios y sirias.

- Siria lleva ya seis años sometida a una guerra muy compleja que ha desencadenado en una gran crisis de refugiados que tantas veces ha acaparado las portadas de nuestros periódicos. Pero ¿cómo empezaron las revoluciones en Siria que luego dieron pie a una cruel guerra?

Vamos a ser sinceros, por mucha presión que haya en nuestro entorno social. En Siria no ha habido ni hay revoluciones pacíficas ni populares. Estamos ante un caso de agresión exterior utilizando mercenarios, a los que desde los medios de comunicación y organizaciones “humanitarias” ligados a las corporaciones occidentales se les ha disfrazado de eso, de “revolucionarios” sin serlo. La unidad en Siria ante este ataque tan brutal como despiadado ha sido total, oposición y gobierno han formado una piña frente al verdadero peligro, que es y era la destrucción de una sociedad tolerante y secular, con una economía enfocada al bienestar social y una política basada en el respeto y aceptación  al diferente. Si el Gobierno de Siria, elegido por los sirios, hubiese caído tendríamos la barbarie de un Afganistán o una Libia.
Así, que ya las primeras algaradas apareciesen en lugares como Daraa, Dayr Al-Zawr o Idlib, focos de células terroristas de Al Qaeda que llegaban a Irak años antes, y estudiadas por el Combating Terrorism Center de West Point (New York), no fueron una sorpresa para los expertos militares. Que fuesen muy violentas desde su mismo origen tampoco. Eran Al Qaeda y colaboradores los que actuaban, no manifestaciones pacíficas y populares. Un guion similar, sino igual, al de Libia. Hasta los periódicos israelíes (Israel National News) lo exponían con cifras claras: el número de policías asesinados era el grueso de los muertos y teniendo en cuenta que los mercenarios disparaban también a los manifestantes para generar terror.

- ¿Cuál ha sido la principal oposición al gobierno de Bashar al-Assad en Siria?¿Qué la definía?

La principal oposición a Bashar al Assad, recordemos el presidente elegido democráticamente y muy mayoritariamente por l@s siri@s, procede de Washington, Londres, París, Tel Aviv, Riad, Estámbul o Doha. Es decir, es una oposición externa e injeriencista en los asuntos internos de otra nación, vulnerando la legalidad internacional.
Si quiere creer en una oposición siria con respaldo de la población, que trate de derrocar a su presidente, como he dicho legítimo, se la tendrá que inventar, porque no existe. 
También le podrán vender una imaginaria oposición secular que curiosamente trabaja desde el extranjero y por interés particular y extranjero. Lo expresó muy bien Charlie Skelton en su informe sobre esas supuestas figuras políticas “alternativas”. 

- Hay otros países en Oriente Medio donde también se han dado las llamadas Primaveras Árabes para derrocar a gobiernos supuestamente ilegítimos, como es el caso de Túnez, Egipto o Libia. ¿Qué les ha pasado a estos países?¿Qué cambios ha habido en sus gobiernos y en sus sociedades?

Volvamos a la realidad. La “Primavera Árabe” de la que veo que habla, solo existió en ese imaginario occidental de los medios de comunicación y organizaciones ad hoc. Pero en realidad estamos hablando de un proyecto de recolonización del norte de África y de Oriente Medio largamente pensado. Puede ver esta preparación ya en la cumbre de la Alianza para los Movimientos de la Juventud de 2008,  financiada por la Administración estadounidense y corporaciones como Facebook o Google y dirigida a quienes organizarían esas “revueltas”, como por ejemplo el Movimiento 6 de Abril de Egipto. El New York Times no tuvo otro remedio que reconocer esta evidencia al comienzo de iniciarse esta estrategia, titulando a las claras lo que ocurría en abril de 2011: “Organizaciones de Estados Unidos ayudaron a fomentar las revueltas árabes”. 
No hablemos de legitimidades de otros cuando nosotros vulneramos la legitimidad internacional. 
Respecto a Libia, de ser el país con el mayor bienestar social de África a convertirse en un infierno lo dice todo. Egipto es un caso complejo no entendido en occidente. Washington favoreció a los Hermanos Musulmanes, en eso consistía la “Primavera”, pero la gente de Egipto reaccionó ante tanta intolerancia y violencia, y apoyada por el ejército en una verdadera rebelión popular conocida como “Tamarod”, donde millones salieron a las calles, acabaron con los designios forasteros.

- Bashar al-Assad es el presidente de Siria y líder del partido Baaz. ¿Cómo se define este partido?

No olvidemos, es el presidente legítimo de Siria. 
El partido Baaz ha dominado la vida política de Siria, pero no por someter, como se dice por aquí desconociendo a aquel país, a la sociedad a una dictadura, sino porque ha tenido como objetivos firmes la defensa de la independencia política y económica de Siria y a su vez una orientación social. Por supuesto, occidente ha atacado siempre a este partido, porque es el pilar que sostiene el rechazo a la injerencia externa, al colonialismo. Ya en la Constitución siria de 1973 aparece con tal papel. Si no hubiese tal intromisión extranjera para someter a Siria, no veríamos esa defensa y agrupación en torno al partido Baaz como se ha dado. 

- Según he leído, tras la caída de la URSS, Bashar al-Assad implementó ciertas reformas liberales que dejaron un poco tocada a la población más pobre del país. ¿Qué relación puede tener esto con el inicio de la revolución en 2011?

Volvamos a la realidad de nuevo. El presidente Bashar al Assad contaba en los momentos de la inventada revolución con un apoyo, según un estudio de la OTAN que coincide curiosamente con los resultados que se dieron posteriormente en las elecciones presidenciales, del 70%. No hubo ninguna revolución popular, porque la gente de allí, incluidos los jóvenes, no vieron ningún motivo para hacerla. Las políticas sociales se mantuvieron, no como en Europa que se derrumbaron.
Lo que usted me dice es otro de los mitos de la izquierda occidental para justificar su injustificable apoyo al colonialismo tratado de imponer por medio de sádicos y crueles mercenarios con armas, formación y dinero de, entre otras partes, nuestros presupuestos públicos.

- ¿Cuáles fueron las principales reformas que trajo la constitución del 2012?

De cara a lo que hablamos, vemos que en ella se despoja al partido Baaz de su estatus especial en el liderazgo en Siria. Pese a esto, este partido fue el más votado en las elecciones parlamentarias de 2012  y formó, y esto apenas se comentó aquí, una coalición para gobernar con diversos partidos: socialistas, comunistas o nasseritas. Todo esto desmiente, una vez más, la ficticia falta de pluralidad política.
Esta constitución vuelve a incidir en la independencia de Siria, indicando en su preámbulo que es la piedra angular de la resistencia contra la hegemonía colonial en el mundo árabe. Además recalca que sectores cruciales de la economía siria se mantendrán bajo el control público. Viendo esta legítima y valiente defensa que hace de los intereses de los siri@s, se comprenden las actuaciones tan agresivas puestas en marcha por el poder económico occidental, que quiere hacerse con los recursos del planeta. Tenemos la experiencia de estados con fuerte orientación social que fueron destruidos precisamente por ese motivo. Usted los conoce, por ejemplo: Yugoslavia o Libia. Que la izquierda de Europa se haya prestado a tan luctuosa tarea dice mucho y mal sobre ella, y refleja la decadencia y la banalidad presentes en nuestra política.
Si a esto une disposiciones de la Constitución siria que explícitamente hablan sobre que la mitad de los asientos del Parlamento pertenecen a los miembros de la clase trabajadora y los campesinos, verá como este país trata de mantener un equilibrio social, defendiendo los intereses de las clases menos privilegiadas, que además son la mayoría en todas las naciones, y que en nuestros estados no existe. Vivimos nosotros en sociedades controladas en todos los aspectos por una minoría, donde millones de personas buscan comida en los contenedores de basura y cobijo bajo cartones desechados, y tratamos de no solo dar lecciones, sino de destruir estados que no permiten tales aberraciones, consiguiéndolo como se ha dicho protegiendo sus recursos y manteniendo un enfoque social.

- Por último: Desde la mayoría de los medios occidentales se ha demonizado la figura de Bashar al-Assad acusándolo de tirano y dictador. ¿Es Assad realmente el tipo de persona que nos dicen?

Los procesos de demonización de figuras políticas son recurrentes y habituales en la historia mundial. Se hizo con Lumumba, Mosaddeq, Arbenz o Hugo Chávez. Todos ellos fueron grandes hombres con grandes proyectos que se trataron de frenar y se frenaron en la mayoría de los casos. Para ello se recurrió a difamarlos, mintiendo sobre su situación personal y sobre la situación política y económica de su país. Bashar al Assad es un caso de estos. No tiene nada que ver con la caricatura que quieren crear. Los demonizadores, sin embargo , si están muy próximos o son el monstruo que ellos mismos han creado.
Un ser formado y con personalidad no debería caer en tales actuaciones tan falsas como ruines.

viernes, 10 de marzo de 2017

Los conflictos bélicos y la manipulación de las emociones humanas


Las guerras se promueven por intereses egoístas y se llevan a cabo a costa del trabajo y de la vida de otros. En la necesidad de hacer propicia a la sociedad hacia esta situación los dirigentes la intentan mostrar como algo justo o necesario.  Para conseguir esta visión necesitan promocionar sus “razones”, su “justicia”, se recurre por tanto a una campaña de convicción, persuasión y manipulación, para terminar de convencer a la  mayor parte de la población de su benevolencia y de su necesidad. La guerra, obviamente, no es ni justa ni humanitaria ni desinteresada, todas llevan en sus entrañas el engaño, la muerte y el latrocinio. Pero aquí entra la función de la persuasión, de la propaganda, con el objetivo de moldear y modelar muchas opiniones, ocultando muchos intereses y mostrando cosas que ni siquiera existen. La gran diferencia que hay entre lo que conoce o cree conocer gran parte de la población sobre el mundo en que viven y sus sucesos, tanto pasados como presentes, respecto a lo que ha ocurrido y ocurre realmente, muestra el grado de desinformación en el que se ha vivido y seguimos viviendo. Vamos a hablar por ello de algo llamado persuasión, engaño, manipulación o mejor dicho llamémosle también por su nombre, aunque en estos tiempos no guste llamarle así, propaganda. El nombre propaganda, que no su función, tiene su origen en la Iglesia católica y surge en el siglo XVII, en 1622, cuando el Papa Gregorio XVI estableció una congregación de cardenales con el propósito de propagar la fe católica; con la Congregatio de Propaganda Fide, cuyo objetivo real era extender el poder de la propia Iglesia.
La propaganda vendría a ser una forma de comunicación con el propósito  de influenciar en la actitud de las personas de una comunidad o sociedad, de modo que se traten de obtener los deseos o intereses  del grupo de personas que la promueven o  la llevan a cabo. Esto en principio puede tener tanto buenas como malas intenciones, buenos o malos objetivos. Si lo que se pretende es inculcar simplemente conocimiento u otra acción benefactora sin intereses ocultos, puede ser incluso una acción loable. En cambio, si lo que se tiene previsto es engañar a quienes va dirigida la práctica de la propaganda para obtener unos fines muchas veces ocultos y en perjuicio de quien la recibe, estamos ante un caso de manipulación perniciosa; que puede ser realmente muy peligrosa, especialmente cuando se trata de dañar además a otras personas, como es el caso de las guerras.
Quien manipula se vale de las artes de la persuasión y de las debilidades humanas, entre ellas el poder de las emociones, la credulidad y la ignorancia. Quien manipula no informa, o si informa lo hace de forma premeditadamente parcial. La información que aporta es sesgada, incluso dicha información sería principalmente y propiamente desinformación, con el fin de confundir y hacer que el receptor no sea capaz de entender la situación real. Con el objetivo de que aquellos a los que va dirigida no comprendan realmente lo que sucede y lo interpreten según lo que conviene a quienes llevan a cabo esa manipulación y desinformación de forma bien consciente. Se recurre a la información incompleta, particular, o más comúnmente a la falsedad, cambiando la narración de los hechos reales por otros que puedan provocar una reacción muy favorable a quien los está contando. Y una de las metas donde se centra la propaganda es en dirigirse a las emociones, eludiendo siempre a la razón. La diferencia entre la propaganda y el análisis o estudio científico la describieron muy bien Alfred Mclung y Elizabeth Bryant en su excelente obra The Fine Art of Propaganda (1939), indicando que la primera habla principalmente de las cosas en blanco y negro, como bueno o malo, sin apenas puntos medios. Y que esta no quiere para nada a la crítica y a la  investigación, sus enemigos mortales, ya que la ponen al descubierto al mostrar y demostrar, mediante los hechos reales, las falsedades creadas por el manipulador. La ciencia florece con la crítica, la propaganda se desmorona ante ella. De ahí que todos los poderes habitualmente eviten y se lleven muy mal con el debate serio, la crítica rigurosa y la pluralidad.
El lado emocional del ser humano es muy fuerte. Si se pulsa adecuadamente y en el momento oportuno el botón de las emociones se puede engañar, con la facilidad que se le engaña a un niño, a una comunidad o a una sociedad entera. Los hechos hablan por sí solos y tenemos abundantes casos más o menos recientes, como fueron las guerras de Yugoslavia, Irak o Libia, y ahora es Siria, pero también recordemos que estos métodos eran ya muy viejos en la historia de la humanidad.
Una vez estimuladas las peores emociones, que desatan la furia de la guerra, comienza  la barbarie. Entonces el ser humano muestra lo peor de sí, entrando en una espiral de sinrazón, crueldad y violencia; y ahí está el papel de la propaganda, que esa sinrazón prevalezca.
El que fuera presidente estadounidense Woodrow Wilson mostraba el carácter más oscuro y cruel de los dirigentes, pese a que fuese reelegido como candidato para la paz en 1916, en su apoyo a la Primera Guerra Mundial:
Conduce a esta gente a la guerra, y olvidarán que había algo que se llamaba tolerancia. Para luchar, debes ser brutal y despiadado, y el espíritu de la brutalidad despiadada entrará en la misma fibra de la vida nacional, infectando al Congreso, a las Cortes, al policía al golpear, y al hombre de la calle (Wartime propaganda. World War I).


De Justificando la guerra.

jueves, 2 de marzo de 2017

Sobre la guerra


Nos dice Tomás de Aquino en su Summa Theologica, que no es posible ser ignorante del final de las cosas si sabemos su comienzo.
Y si hablamos de la guerra, a la que Agustín de Hipona ensalza y no ve nada malo en ella, pues los hombres que allí morirán iban a perecer de un modo u otro, ¿qué podemos decir?
Podemos decir algo. La guerra no es exclusiva de la especia humana, otros seres vivos, incluidas las plantas, también luchan entre ellos por diversos objetivos. La comida y la reproducción han sido dos motivos muy presentes en este tipo de disputas. Como indicaba el gran etólogo Konrad Lorenz, las luchas surgen normalmente entre individuos de la misma especie, debido a que comparten intereses comunes y tienen que competir por los mismos recursos o fines (Konrad Lorenz, 1989, pp. 31-33). Esta lucha muchas veces es necesaria. ¿Sería esto entonces una justificación de la guerra? ¿La guerra sería necesaria? Depende, si pensamos que debemos seguir este comportamiento animal, sin reflexionar sobre ello y no viendo que el ser humano tienes otras posibilidades y otras capacidades, entonces valoramos poco al ser humano. Si además vemos que otras especies animales dirimen sus problemas mediante rituales que rara vez producen graves percances y que luchan realmente por su propia subsistencia, esto nos deja a nosotros, los seres humanos, en un mal lugar; dando realmente un mal ejemplo y mostrando que  no somos tan inteligentes como presumimos o hacemos ver. Y si a esto le añadimos que precisamente gracias a nuestro desarrollado cerebro hemos sido capaces de elaborar una tecnología destructiva, que amenaza nuestra propia existencia, entonces todavía debamos pensar más que no estamos actuando de esta forma tampoco de un modo muy inteligente. Podemos seguir permitiendo que se use esta tecnología, fruto del trabajo y del talento del ser humano, para someter y explotar a otros seres humanos, para crear armamento destructivo, que enriquece a unos pocos y esclaviza a buena parte de la humanidad, pero todo esto no deja de ser tremendamente inmoral y a la vez tremendamente peligroso; porque de este modo destruiremos los propios cimientos de una posible sociedad estable, próspera y en paz. Así, nunca habrá paz, nunca podrá haber concordia, y la guerra continua, la guerra interminable, acabará tarde o temprano con nuestra propia especie.
Una opción, más humana y más sensata es ver que es posible vivir en este mismo mundo no bajo los preceptos de la violencia y del miedo, sino bajo los del entendimiento y la cooperación. No es utópico, el ser humano puede hacerlo y puede salir muy beneficiado con ello. Para conseguirlo, sin embargo, necesitamos replantearnos nuestros modos de actuar, estudiarlos para conocer como hemos conducido al planeta al estado  actual de pobreza en gran parte de su población y de enfrentamiento continuo. No todos estaremos por la labor, especialmente aquellos que actualmente dirigen este mundo, que tienen interés en proseguir con  ese desorbitado privilegio en el que viven, pero que genera al mismo tiempo una desorbitada injusticia y desigualdad. Quienes viven así, en ese lujo y derroche demasiado inmorales, no  tendrán gran interés en modificar su situación. Los demás, la mayoría, sí deberíamos estar dispuestos a cambiarlo o al menos a mejorarlo, si no queremos seguir sufriendo las consecuencias de los caprichos de la avaricia y de la codicia de otros. En realidad, al final, todos seríamos los beneficiados de un cambio de actitud de nuestro mundo, pues el camino actual  no tiene buen fin para nadie.
La guerra ha sido tradicionalmente el instrumento mediante el cual la clase dirigente somete a otras sociedades y obtiene beneficios con ello,  a su vez sirve para el propio sometimiento y control de su sociedad, en provecho único de ellos y en un notorio perjuicio para el resto de la población. Se analizará y se reflexionará, por tanto, sobre la guerra, sobre la historia de las guerras, sobre sus demoledores efectos y también sobre cómo se ha inculcado en la mente de las gentes su envenenada semilla. La historia nos enseñará de nuevo valiosas lecciones que nos podrán ayudar más de lo que creemos en los momentos actuales y en los futuros.
El conocimiento llena el alma del ser humano y ayuda a evitar la barbarie, y la guerra es la barbarie por excelencia. Richard Sanders comenta que sabiendo el modo en que se ha utilizado y justificado la guerra a lo largo de la historia, fundamentalmente mediante poco escrupulosos engaños, nos puede ayudar para evitar que se repitan otra vez sucesos realmente terribles; a los que habitualmente somos conducidos por nuestra propia ignorancia de los hechos. Estas son sus palabras:
El conocimiento de la historia, de cómo los planificadores de la guerra han engañado a la gente en el pasado para que apoyasen a las guerras, es como una vacuna. Podemos utilizar esta comprensión de la historia para inocular a las personas con dosis saludables de desconfianza hacia los pretextos de la guerra oficial y otras estratagemas para el engaño. A través de tales programas de inmunización podemos ayudar a contener nuestra susceptibilidad social hacia la “fiebre de la guerra” (Richard Sanders, 2002).
La vacuna del conocimiento histórico, de la razón, de la moral, del estudio crítico y de la sensatez, actuarán como antídotos eficaces contra la brutalidad de la violencia bélica, contra la fiebre y la locura que anidan en ella.
La justificación de la guerra es tan antigua y tan nueva como la propia guerra y como el propio ser humano. De hecho, es necesario el favor de gran parte o de la mayoría de la sociedad o de la  población para desencadenarla. De ahí que se recurra a crear poderosas razones, ya que en condiciones normales, y en su sano juicio, nadie está dispuesto a agredir y matar a sus vecinos, e incluso menos a un desconocido que nada le ha hecho.

Referencias-Notas:
1. Konrad Lorenz. Sobre la agressión el pretendido animal. Siglo XXI, 1989, pp.31-33.
2. Richard Sanders. How to Star a War: The American Use of War Pretext Incidents. Global Research, January, 9, 2012. Coalition to Oppose the Arms Trade (COAT) - 2002-05-02.

Capítulo de mi obra: Justificando la guerra.