viernes, 30 de diciembre de 2016

Disfrazando la insurrección islamista en Siria

Escuadrones de la muerte asolando Siria, pero dibujados en occidente, otra vez más, por ejemplo en Afganistán o Libia, como "luchadores por la libertad". 

Ya conocen que llevo varios años tratando la guerra que se desencadenó contra Siria en el año 2011. Durante este tiempo les he mostrado como este país y sus gentes han sido sometidos a un ataque brutal y despiadado por parte de infinidad de batallones de mercenarios sedientos de sangre, dinero y barbarie. Estos criminales sabían que tenían el respaldo de los más  poderosos padrinos: Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel, Arabia Saudí, Catar, Turquía  y la  Unión Europea, además de otros como Jordania, Canadá  y un largo etcétera. Sabían que si sus planes lograban el objetivo de destruir el Estado de Siria tendrían abundante recompensa material e impunidad a sus innumerables e inenarrables crímenes. No ha sido así, Siria,  con la necesaria ayuda de sus aliados ante tan enorme y tremenda ofensiva, está saliendo adelante y defendiendo una nación plural, tolerante y abierta en lo político, lo religioso y lo económico. Una nación pensada para l@s siri@s y quienes quieran conocerla y respetarla.
En esta tesitura de quedarse desnudos de argumentos y llenos de derrota moral e intelectual están tambien infinidad de activistas, no analistas, que apoyaron a todas estas huestes de bárbaros desalmados. Por ese motivo ahora nos vienen con una ficticia historia de que originalmente, en el año 2011, hubo una revolución realmente popular y pacífica que fue "ahogada en sangre" presuntamente por el ejército o policía del "régimen" (como denominan ell@s al Gobierno sirio con el fin de deslegitimarlo), lo que desencadenó el recurso a la violencia y el predominio de estos fanáticos islamistas. El "argumento" tan falso, es prácticamente el mismo que utilizaron para Ucrania, donde allí también  Washington  tuvo un papel clave en la llegada al poder del nazismo en Europa, siendo aquí también las protestas muy violentas y financiadas desde el exterior, con pagos a los propios manifestantes. 1  Sin embargo, el problema que tiene esta gente es que la historia no es aquello  que un@ se inventa en una página de un periódico o de internet, o en un programa de radio o televisión para hacerlo acorde a sus propios intereses y de quienes les pagan. La historia es lo que en cada momento ha sucedido, hechos que contrastados engrosan  nuestro conocimiento del pasado y del presente, y que nos hacen entrever, si estamos atentos, incluso el futuro. Esta labor es llevada a cabo de forma laboriosa y metódica por personas con un criterio de objetividad y responsabilidad suficientes para obtener resultados que pasen las pruebas de veracidad a las que se los somete. Los resultados están basados en múltiples evidencias bien comprobadas. Hablan los hechos y dominan sobre las opiniones.
No podrán esperar de los que no son más que meros propagandistas rigor y honestidad, este es un trabajo propio de los analistas e historiadores.
Sobre el origen de la guerra en Siria les he hablado en numerosos informes en los que mostraba los sucesos y acontecimientos que entonces ocurrían y que ahora se quieren deformar, así como el precedente en el tiempo donde se observa la determinada y clara injerencia de las administraciones estadounidenses en el país de Levante. Pueden verlo, por ejemplo, en el siguiente artículo sobre por qué lo que ha ocurrido en Siria no puede considerarse en modo alguno ni una rebelión popular ni pacífica. También con este otro sobre la opinión de los pocos mercenarios propiamente sirios que se apuntaron a tal "revolución": Escuchando a los rebeldes en Siria.
Para enriquecer todavía más las fuentes sobre este inicio de la guerra, a continuación traduzco el trabajo recopilatorio de lo que tuvo lugar en Siria entonces, llevado a cabo por el profesor Tim Anderson, y que recoge los acontecimientos e investigaciones llevadas a cabo por muchas personas y organizaciones que estaban sobre el terreno y se preocuparon por lo que sentían y les ocurría a l@s siri@s, y no por agradar a sus jefes de redacción o departamento. Anoto en él en letra azul algunas  observaciones mías que considero necesarias.
Veamos y conozcamos esa realidad siria.

Referencias-Notas a mi prólogo:
1. Paul Craig Roberts. US and EU Are Paying Ukranian Rioters and Protesters. 17.2.2014. http://www.paulcraigroberts.org

DARAA 2011: La insurrección islamista de Siria disfrazada.
Prof. Tim Anderson. Global Research. 16.03.2016.

"Yo he visto desde el comienzo manifestantes armados en esas manifestaciones... ellos fueron los primeros en disparar a la policía. Muy a menudo la violencia de las fuerzas de seguridad viene en respuesta a la violencia brutal de los insurgentes armados.

Padre Frans Van der Lugt, sacerdote jesuita, enero de 2012, Homs -Siria-.

"La afirmación de que la oposición armada al gobierno ha empezado solo recientemente es una completa mentira. Los asesinatos de soldados, policías y civiles, a menudo en las circunstancias más brutales, han estado ocurriendo prácticamente desde el comienzo. "

Profesor Jeremy Salt, octubre 2011, Ankara, Turquía.

"El movimiento de protesta en Siria fue abrumadoramente pacífico hasta septiembre de 2011".

Human Rights Watch, marzo 2012, Washington.
Una doble historia comenzó sobre el conflicto sirio, en el mismo inicio de la violencia armada en 2011, en la ciudad fronteriza y sureña de Daraa. La primera historia es de testigos independientes en Siria, tales como el padre Frans Van der Lugt en Homs. Ellos dicen que hombres armados inflitraron las tempranas manifestaciones por la reforma política para disparar tanto a la policía como a los manifestantes. Esta violencia venía de islamistas sectarios. La segunda procede de los grupos islamistas ('rebeldes') y sus patrocinadores occidentales, incluyendo Human Rights Watch con base en Washington. Ellos indican que hubo violencia 'indiscriminada' de las fuerzas de seguridad sirias para reprimir concentraciones políticas y que los 'rebeldes' surgieron de un movimiento de reforma política secular.
Un estudio cuidadoso de la evidencia independiente, sin embargo, muestra que la historia de los 'rebeldes' apoyados  por Washington, aunque muy extendida, era parte de una estrategia para deslegitimar al Gobierno sirio, con el fin de fomentar el 'cambio de régimen'. Para entender esto es necesario estudiar el estallido de la violencia en Daraa, en marzo de 2011. Fundamental para esa insurrección fueron los cargamentos de armas desde Arabia Saudí a los islamistas en la mezquita de al Omari.
A comienzos de 2011 los sirios eran bien conscientes de una parte de la historia que pocos observadores occidentales recordarían: una sorprendentemente similar insurrección islamista tuvo lugar en la ciudad de Hama, allá en 1982. Aunque esta fue aplastada en semanas por el Ejército Árabe Sirio. Revisar este conflicto es útil como consecuencia de los mitos que se han desarrollado alrededor de ambas insurrecciones.
Los servicios de inteligencia de EE.UU. (DIA 1982) y el fallecido autor Patrick Seale (1988) dan explicaciones independientes de qué ocurrió en Hama. Después de años de violencia y ataques sectarios por parte de los Hermanos Musulmanes (HH.MM.) de Siria, para mediados de 1980 el presidente Hafez al Assad había 'roto la columna' de su rebelión sectaria, que se proponía imponer un estado salafista-islámico. Un complot de golpe final fue descubierto y los HH.MM. 'se sintieron presionados a iniciar' un levantamiento en su bastión de Hama. Seale describe el comienzo de la violencia de esta forma:
'A las 2 AM de la noche del 2-3 de febrero de 1982 una unidad del ejército pasando revista en la vieja ciudad cayó en una emboscada. Francotiradores desde lo alto de los tejados mataron quizás muchos soldados... [El líder de los HH.MM.] Abu Bakr [Umar Jawwad] dio la orden para un levantamiento general... centenares de luchadores islamistas se levantaron... para la mañana unos setenta destacados baatistas habían sido masacrados y las guerrillas triunfantes declararon la ciudad 'liberada' (Seale 1988: 332).
Sin embargo, el Ejército respondió con una enorme fuerza de 12.000 soldados y la batalla se propagó  durante tres semanas. Fue una guerra civil respaldada desde el exterior, con algunas deserciones del ejército. Seale continúa:
'Como el rumbo cambiaba gradualmente en favor del gobierno, las guerrillas volvieron a sus cuarteles... después de un intenso fuego de artillería, comandos y partidas  irregulares apoyados por tanques entraron... muchos civiles fueron masacrados en la prolongada limpieza ,  distritos enteros arrasados' (Seale 1988: 333).
Dos meses después un informe de la inteligencia de EE.UU. decía: 'El total de las víctimas por el incidente de Hama probablemente asciende en torno a 2.000.  Este incluye unos 300 a 400 miembros estimados del 'Aparato Secreto' de la élite de los Hermanos Musulmanes (DIA 1982: 7). Seale reconoce que el Ejército también sufrió grandes bajas. Al mismo tiempo, 'grandes cantidades murieron en la caza por los pistoleros... los simpatizantes del gobierno estiman unos meros 3.000 y los críticos tantos como 20.000... una cifra de 5.000 a 10.000  podría ser próxima a la verdad'. Él añade:
'Las guerrillas eran formidables oponentes. Tenían una fortuna en dinero extranjero... [y] no menos de 15.000 ametralladoras' (Seale 1998: 335). Posteriores recuentos de los Hermanos Musulmanes han inflado las cifras, alcanzando hasta '40.000 civiles', e intentando ocultar la violenta insurrección indicando que Hafez al Assad había simplemente llevado a cabo una 'masacre de civiles' (e.g. Nassar 2014). El entonces Presidente sirio denunció un complot extranjero a gran escala en la insurrección de Hama. Seale observa que Hafez "no era paranoico", porque muchas armas de EE.UU. fueron capturadas y ayuda extranjera había llegado de varios colaboradores de EE.UU.: El Rey Hussayn de Jordania, milicias cristianas libanesas (los alineados con Israel 'Guardianes del Cedro') y Saddam Hussein en Irak (Seale 1988: 336-337).
La insurrección de Hama nos ayuda a entender la violencia de Daraa porque, una vez más en 2011, vemos a islamistas armados usando los techos de los tejados para disparar contra la policía y los funcionarios del gobierno, provocando al ejército, con el propósito de denunciar una 'masacre civil' cuando ellos y sus colaboradores sean atacados por el ejército. Aunque los EE.UU., a través de sus aliados, jugaron un importante papel en la insurrección de Hama, cuando todo pasó la inteligencia de EE.UU. fríamente observó que: 'los sirios son pragmáticos que no quieren un gobierno de los Hermanos Musulmanes' (DIA 1982: vii).
En el caso de Daraa, y los ataques que se trasladaron a Homs y las zonas de alrededor en abril de 2011, el objetivo claramente declarado era una vez más derrocar al régimen secular o 'alawi-infiel'. Los colaboradores de primera línea de EE.UU. fueron: Arabia Saudí, Catar y Turquía. El dirigente de los Hermanos Musulmanes sirios, Muhammad Riyad Al-Shaqfa, emitió una declaración el 28 de marzo que no dejó duda de que el objetivo del grupo era sectario. El enemigo era 'el régimen secular' y los miembros de la Hermandad 'tienen que asegurar que la revolución será islámica pura y que ninguna otra secta tendría una parte del reconocimiento tras el éxito' (Al-Shaqfa 2011). Mientras, restando importancia al papel inicial de los Hermanos Musulmanes,  Sheikho confirma que 'fue a golpear por encima de su peso real en el terreno durante el levantamiento... [debido] al apoyo turco-catarí', y a su capacidad organizativa general (Sheikho 2013). Para ese momento había un 'Consejo Militar Supremo del Ejército Sirio Libre' en 2012 (más un conducto de armas que cualquier clase de comando del ejército), era dominado en dos tercios por los Hermamos Musulmanes  (Draister 2012). Otros grupos salafistas-islamistas extranjeros rápidamente se unieron a esta 'Revolución siria'. Un informe de los servicios de inteligencia de EE.UU. de agosto de 2012, contrario a las declaraciones públicas de Washington sobre 'rebeldes moderados', decía:
'Los salafistas, los Hermanos Musulmanes y AQI [Al Qaeda en Irak, más tarde ISIS] son las mayores fuerzas conduciendo la insurgencia en Siria... AQI apoyó a la oposición siria desde el comienzo, tanto ideológicamente como a través de los medios'  (DIA 2012).
En febrero de 2011 había una agitación popular en Siria, hasta cierto punto influenciada por los acontecimientos en Egipto y Túnez. Había manifestaciones antigubernamentales y pro-gubernamentales y un movimiento de reforma política genuino que durante años había protestado contra la corrupción y el monopolio del partido Ba'ath. Un informe de 2005 se refería a 'un despliegue de movimientos de reforma organizándose lentamente por debajo de la superficie' (Ghadry 2005), y de hecho las 'muchas caras' de una oposición siria, mucha de ella no islamista, habían estado agitándose desde más o menos ese mismo tiempo  (Sayyid Rasas 2013). Estos grupos de la oposición política merecen atención, en otra discusión [Cabe comentar que buena parte de esa oposición, islamista o no tan islamista, recibía dinero extranjero, para servir a intereses extranjeros, desde años antes, al menos desde 2006: U.S. secretely backed Syrian Opposition Groups, U.S. admits funding Syrian Opposition]. Sin embargo, solo una parte de esa oposición estuvo vinculada a la violencia que estalló en Daraa. Grandes manifestaciones contra el gobierno comenzaron, para encontrarse con enormes manifestaciones pro-gubernamentales. [Este el punto más débil de la exposición de Tim Anderson: si bien las mayúsculas demostraciones de apoyo a Bashar al Assad han podido ser certificadas y comprobadas, no ocurre lo mismo con las supuestas y cuantiosas manifestaciones pacíficas contrarias. Algo que de un modo u otro, con los medios que hay hoy en día, debió quedar claramente reflejado. De hecho, los medios corporativos occidentales tenían que recurrir a las imágenes de las masivas asistencias en favor del gobierno, para,  engañando a sus lectores, hacerlas pasar por contrarias. Y cuando comentaban las concentraciones contrarias al presidente, hablaban de su escaso número, algún centenar como mucho. No había descontento popular o grandes protestas. Además que estas aparecen en una ciudad muy pequeña, como Daraa con en torno a 70.000 habitantes, y no en grandes urbes como Damasco o Alepo, que sería lo normal. Si escuchamos a los propios "rebeldes" sirios  veremos que tampoco es esa la realidad, ya que ellos describen una de coacción y violencia con manifestaciones muy minoritarias]. 
A comienzos de marzo algunos adolescentes en Daraa fueron arrestados por hacer grafitis que habían sido copiados del Norte de África: 'la gente quiere derrocar al régimen'. Se informó que fueron maltratados por la policía local, el Presidente Bashar al Assad intervino, el gobernador local fue destituido y los adolescentes fueron liberados (Abouzeid 2011) [La historia de los adolescentes y el graffiti, según indica el presidente sirio en una entrevista  al canal alemán ADR, es una invención].
Ya la insurrección islamista estaba en marcha, cubriéndose con las manifestaciones de la calle. El 11 de marzo, varios días antes de que la violencia apareciese en Daraa, había informes sobre que las Fuerzas Armadas sirias se habían hecho con 'un importante cargamento de armas y explosivos y gafas de visión nocturna... en un camión viniendo de Irak'. El camión fue detenido en la sureña Tanaf cruzando, cerca a Jordania. La agencia de noticias del Gobierno sirio SANA dijo que las armas estaban pensadas 'para usarse en acciones que afectasen a la seguridad interna de Siria y extender agitation y caos'. Las fotografías mostraban 'docenas de granadas y pistolas además de rifles y cinturones de munición'. El conductor explicó que las armas habían sido cargadas en Baghdad y que le habían pagado 5.000 dólares para entregarlas en Siria (Reuters 2011). A pesar de esta interceptación, llegaron armas a Daraa, una ciudad fronteriza de en torno a 150.000 habitantes [la cifra más correcta es de 70.000-75.000]. Aquí es donde las historias de 'rebelde-occidental'  y las independientes divergen, y divergen dramáticamente. El consenso de los medios occidentales era que los manifestantes quemaron y destruyeron las oficinas del gobierno, y después 'las fuerzas de seguridad provincial abrieron fuego sobre las marchas, matando a varios' (Abouzeid 2011). Después de eso, 'los manifestantes' llevaron a cabo protestas en frente de la mezquita de al-Omari, pero fueron atacados.
El Gobierno sirio, por otra parte, declaró que los ataques armados habían comenzado sobre las fuerzas de seguridad, matando policías y civiles, junto con la quema de oficinas del gobierno. Había corroboración exterior de esta explicación. Mientras su titular culpaba a las fuerzas de seguridad por matar 'manifestantes', el British Daily Mail  (2011) mostraba fotos de pistolas, rifles AK47 y granadas de mano que las fuerzas de seguridad habían incautado después de entrar en la mezquita de al Omari. El periódico mencionaba informes de que 'una banda armada' había abierto fuego sobre una ambulancia, matando 'un doctor,  un técnico en urgencias médicas y un policía'. Los canales de los medios en los países vecinos informaron sobre el asesinato del policía sirio el 17-18 de marzo. El 21 de marzo un informe de noticias libanés observó que 'siete policías fueron muertos durante enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y manifestantes en Siria' (YaLibnan 2011), mientras un informe del Israel National News decía: 'Siete oficiales de policía y al menos cuatro manifestantes han sido asesinados en Siria... y los cuarteles del partido Ba'ath y el juzgado fueron quemados' (Queenan 2011). Estos policías habían sido disparados por francotiradores desde los tejados.
Incluso en estas circunstancias el gobierno estaba urgiendo a contenerse e intentar responder al movimiento de reforma política. El consejero del presidente Assad, Dr. Bouthaina Shaaban, dijo en una conferencia que el presidente había ordenado 'que no se debía disparar munición de verdad, incluso si la policía, las fuerzas de seguridad o los funcionarios del estado estuviesen siendo asesinados'. Assad propuso abordar las demandas políticas, tales como el registro de partidos políticos, quitar los decretos de emergencia y permitir mayores libertades a los medios (al-Khalidi 2011). Nada de esto parecía interesar o disuadir la insurrección islamista.
Varios informes, incluyendo vídeos, mostraban francotiradores disparando desde los tejados a la multitud y la policía durante los funerales por aquellos ya asesinados. Se dijo que ' no era claro quién estaba disparando y a quién' (Al Jazeera 2011a), como 'un grupo armado desconocido disparó desde los tejados a los manifestantes y a las fuerzas de seguridad' (Maktabi 2011). Sin embargo, Al Jazeera  (2011b), propiedad de la monarquía catarí, pronto sugirió enfáticamente que los francotiradores eran pro-gubernamentales. 'El presidente Bashar al Assad ha enviado miles de soldados sirios y su armamento pesado a Derra para una operación que el régimen no quiere que nadie en el mundo vea'. Sin embargo, la sugerencia de Al Jazeera de que secretos francotiradores pro-gubernamentales estaban matando 'soldados y manifestantes a la vez' era ilógica y fuera de lugar. Las fuerzas armadas fueron a Daraa precisamente porque habían disparado y asesinado a la policía.
Arabia Saudí, un aliado regional de EE.UU. clave, había armado y financiado sectas sunitas salafistas extremistas para lanzarlas contra el gobierno secular. El funcionario saudí Anwar Al-Eshki más tarde confirmó a la televisión BBC que su país había enviado armas a Daraa y a la mezquita de al-Omari (Truth Syria 2012). Desde el exilio en Arabia Saudí, el salafista Sheikh Adnan Arour llamó a una guerra santa contra los musulmanes alauitas liberales, que se decía dominaban el Gobierno sirio: 'por Alá debemos triturar [a los alauitas] en picadoras y dar su carne para comer a los perros'  (MEMRITV 2011). El objetivo salafista era un estado teocrático o califato. El eslogan genocida 'los cristianos a Beirut, los alauitas a la tumba' se convirtió en generalizado, un hecho reseñado por los medios norteamericanos tan pronto como mayo de 2011 (e.g. Blanford 2011). Islamistas de la brigada Farouq del Ejército Sirio Libre actuarían pronto bajo esas amenazas (Crimi 2012). El analista canadiense Michel Chossudovsky  (2011) concluía:
'El despliegue de fuerzas armadas, incluyendo tanques, en Daraa [fue] dirigido contra una insurrección armada organizada, que ha estado activa en la ciudad fronteriza desde el 17-18 de marzo.'
Después de esos primeros días en Daraa el asesinato de fuerzas de seguridad sirias continuó, pero fue en su gran mayoría no informado fuera de Siria. No obstante, la analista independiente Sharmine Narwani escribió sobre la escala de esta matanza a comienzos de 2012 y de nuevo a mitad de 2014. Una emboscada y masacre de soldados tuvo lugar cerca de Daraa al final de marzo o principios de abril. Un convoy del ejército fue detenido por un derramamiento de aceite sobre una carretera entre Daraa al-Mahata y Daraa al-Balad, los camiones fueron ametrallados. Las estimaciones de muertes de soldados, de fuentes del gobierno y de la oposición, varían de 18 a 60. Un residente de Daraa dijo que estos asesinatos no fueron mencionados porque: 'En ese tiempo, el gobierno no quería mostrar que eran débiles y la oposición no quería mostrar que estaban armados'. El bloguero antisirio, Nizar Nayouf, registró esta masacre como teniendo lugar en la última semana de marzo. Otro escritor contra el gobierno, Rami Abdul Rahman (situado en Inglaterra y llamándose así mismo como el 'Observatorio Sirio de los Derechos Humanos') dice:
'Fue el primero de abril y alrededor de 18 o 19 fuerzas de seguridad... fueron asesinadas' (Narwani 2014). Faisal Mikdad, Viceministro de Asuntos Exteriores, él mismo residente de Daraa, confirmó que: 'este incidente fue ocultado por el gobierno... como un intento por no antagonizar o no incrementar las emociones y calmar las cosas, para no fomentar cualquier intento de inflamar las emociones, lo que puede conducir a una intensificación de la situación' (Narwani 2014).
Aunque el sentido de negar las muertes contra el gobierno era ese, en los medios occidentales todas las muertes fueron denunciadas (a) como víctimas del ejército y como civiles (b). Por más de seis meses, cuando un recuento de muertos fue mencionado en los medios internacionales, se consideró habitualmente como aceptable sugerir que todos eran 'manifestantes' asesinados por el Ejército sirio. Por ejemplo, un informe de Reuters del 24 de marzo decía que el principal hospital de Daraa había recibido 'los cuerpos de al menos 37 manifestantes muertos el miércoles' (Khalidi 2011). Tener en cuenta que todos los muertos se habían convertido en 'manifestantes', a pesar de que los informes iniciales informaban de la muerte de un número de policías y asistentes médicos.
Otros diecinueve soldados fueron acribillados el 25 de abril, también cerca de Daraa. Narwani obtuvo sus nombres y detalles del Ministerio de Defensa sirio, y corroboró estos con otro documento de una fuente no del gobierno. A lo largo de abril ella calcula que ochenta y ocho soldados sirios fueron asesinados 'por desconocidos tiradores en diferentes zonas de Siria" (Narwani 2014). Ella también refutó las acusaciones de que los soldados muertos eran 'desertores', tiroteados por el Ejército sirio por rechazar el disparar a civiles. La organización con base en Washington Human Rights Watch, refiriéndose a entrevistas con 50 'activistas' anónimos, denunciaba que los soldados muertos en ese tiempo eran todos 'desertores', asesinados por el Ejército  (HRW 2011b) [Human Rights Watch Amnistía Internacional, dos organizaciones "humanitarias" con centrales en Washington y Londres, que utilizan los derechos humanos con fines políticos y económicos en beneficio de la agenda de las corporaciones occidentales, de las cuales reciben financiación y difusión, han tenido una responsabilidad directa y enorme en la justificación de la barbarie que hemos visto en Libia o Siria, al tergiversar la realidad y engañar emocionalmente a los habitantes de Europa o Norteamérica. Mostrando, además, "informes" carentes de cualquier rigor basado en "activistas" a sueldo y anónimos, sin sustento en evidencia alguna]. Aunque los funerales de funcionarios leales, mostrados en internet en aquel momento, eran distintos. Incluso Rami Abdul Rahman, propenso a culpar al ejército por el asesinato de civiles, dijo 'este juego de decir que el ejército está matando desertores por abandonar - Yo nunca acepté eso' (Narwani 2014). No obstante, los informes tan recargados eran confusos, en Siria como en el exterior.
La violencia se extendió por el norte, con el apoyo de combatientes islamistas desde el Líbano, alcanzando Baniyas y áreas alrededor de Homs. El 10 de abril nueve soldados recibieron disparos en una emboscada a un autobús en Baniyas. En Homs, el 17 de abril, el general Abdo Khodr al-Tallawi fue asesinado junto a sus dos hijos y un sobrino, y el comandante sirio Lyad Kamel Harfoush fue muerto a tiros cerca de su casa. Dos días más tarde, el coronel Mohammad Abdo Khadour fue asesinado fuera de servicio en su coche (Narwani 2014). El comentarista norteamericano Joshua Landis (2011a) informó sobre la muerte del primo de su mujer, uno de los soldados en Baniyas.
Al Jazeera,  el principal medio en Oriente Medio apoyando a los Hermanos Musulmanes, ocultó estos ataques, como también los refuerzos aportados por los extranjeros armados. El que fuera periodista de Al jazeera Ali Hashem fue uno de los muchos que dimitió de la cadena propiedad de Catar (RT 2012), quejándose de un profundo sesgo sobre la presentación de la violencia en Siria. Hashem tenía un rodaje de hombres armados llegando desde el Líbano, pero fue censurado por los directores catarís. 'En una carta de dimisión le decía a la directiva... es como si nada estuviese ocurriendo en Siria'.  Pensaba que la 'revolución libia' era el punto de inflexión para Al Jazeera, el final de su prestigio como un medio creíble (Hashem 2012).
Los provocadores estaban actuando. El yihadista tunecino 'Abu Qusay' más tarde admitió que él había sido un destacado 'rebelde sirio' encargado de 'destruir y ultrajar mezquitas suníes' y de dibujar el graffiti 'No hay Dios salvo Bashar', una blasfemia para los musulmanes devotos. De esto se acusó entonces al Ejército sirio, con el propósito de crear deserciones de suníes. 'Abu Qusay' había sido entrevistado por periodistas extranjeros, quienes no se dieron cuenta que él no era sirio (Eretz Zen 2014).
El periodista Nir Rosen, cuyos informes fueron en general contra el Gobierno sirio, criticó además el consenso occidental sobre la violencia inicial:
'El tema de los desertores es una distracción. La resistencia armada comenzó bastante antes de que las deserciones comenzasen... Cada día la oposición da un recuento de muertos, normalmente sin ninguna explicación... Muchos de los indicados como muertos son de hecho combatientes de la oposición pero... descritos en los informes como civiles inocentes asesinados por las fuerzas de seguridad... y cada día miembros del Ejército sirio, de las agencias de seguridad... son también asesinados por combatientes antirégimen' (Rosen 2012).
Un juego de números se está llevando a cabo para deslegitimar al Gobierno sirio (el régimen) y al Ejército sirio (leales a Assad), sugiriendo que eran responsables de toda la violencia. Justo cuando las fuerzas de la OTAN estaban para bombardear Libia y derrocar a su gobierno, voces de EE.UU. comenzaron a pedir que el presidente Assad dimitiese. Brookings Institution  (Shaikh 2011) decía que el Presidente había 'perdido la legitimidad para permanecer en el poder en Siria'. Los senadores de EE.UU. John McCain, Lindsay Graham y Joe Lieberman dijeron que era tiempo 'de unirnos nosotros mismos inequívocamente con la gente de Siria en su demanda pacífica por un gobierno democrático' (FOX News 2011). Los grandes poderes comenzaban a pedir ya otro 'cambio de régimen'.
En junio, la Secretaria de Estado Hillary Clinton descartó la idea de que 'instigadores extranjeros' habían estado trabajando, diciendo que 'la inmensa mayoría de las bajas han sido civiles desarmados' (Clinton 2011). De hecho, como Clinton sabía muy bien, sus aliados de Arabia Saudí habían armado extremistas desde el mismo comienzo. Su declaración de bajas estaba también equivicada. Las Naciones Unidas  (que abandonarían más tarde su recuento de muertos) estimaron desde varias fuentes que, para comienzos de 2012 había más de 5.000 víctimas, y que las muertes en el primer año de conflicto incluían 478 policías y 2.091 de las fuerzas del ejército y de seguridad (OHCHR 2012: 2; Narwani 2014). Esto es, más de la mitad de las víctimas en el primer año fueron de las fuerzas de seguridad sirias. Este cálculo independiente no fue reflejado en los informes de los medios occidentales. ONGs 'perros guardianes' tal como Human Rights Watch, junto con columnistas de EE.UU. (e.g. Allaf 2012), continuaban en denunciar, bien entrado 2012, que las fuerzas de seguridad sirias habían estado masacrando 'manifestantes desarmados', que la gente de Siria 'no tenía otra opción' salvo tomar las armas, y que ese 'movimiento de protesta' había sido 'mayoritariamente pacífico hasta septiembre de 2011' (HRW 2011a, HRW 2012). De hecho,  el movimiento de reforma política había sido echado de las calles por los pistoleros salafistas-islamistas, en el curso de marzo-abril de 2011.
En junio la reportera Hala Jaber (2011) observó que alrededor de 5.000 personas fueron a una manifestación en Ma'arrat al-Numan, una pequeña ciudad en el noroeste de Siria, entre Alepo y Hama. Ella dice que a varios 'manifestantes' les habían disparado la semana anterior, mientras intentaban bloquear la carretera entre Damasco y Alepo. Después de algunas negociaciones que redujeron las fuerzas de seguridad en la ciudad, 'hombres con grandes barbas en coches o pick-ups sin matrículas'   con 'rifles  y lanzagranadas' comenzaron a disparar a los escasos números de las fuerzas de seguridad. Un helicóptero militar fue enviado a apoyar a las fuerzas de seguridad. Después de este enfrentamiento 'cuatro policías y 12 de sus atacantes estaban muertos o muriendo. Otros 20 policías estaban heridos'. Funcionarios que escaparon del combate fueron ocultados por algunos de los ancianos tribales que participaron en la manifestación original. Cuando la siguiente 'manifestación pro-democracia' tuvo lugar, el siguiente viernes, 'solo 350 personas estaban presentes', la mayoría hombres jovenes y algunos militantes barbudos (Jaber 2011). Cinco mil manifestantes habían sido reducidos a 350, después del ataque salafista.
Después de meses de manipulaciones mediáticas, disfrazando la insurrección islamista, los sirios tal y como Samer al Akhras, un joven de familia suní, que solía ver Al Jazeera porque la prefería a la televisión estatal, quedó convencido en apoyar al Gobierno sirio. Él vio de primera mano la invención de informes por parte de Al Jazeera y escribió, a final de junio de 2011:
'Soy un ciudadano sirio y un humano. Después de 4 meses de vuestra falsa libertad... Decís manifestaciones pacíficas y disparáis a nuestros ciudadanos. Desde hoy... Yo soy [ahora] un sargento en la reserva del Ejército. Si yo atrapo a alguien... de cualquier organización terrorista actuando sobre el terreno en Siria, yo voy a dispararte a ti como tú nos estás disparando a nosotros. Esta es nuestra tierra  no la vuestra, los esclavos de la falsa libertad americana' (al Akhras 2011).
PS:
En este  artículo traducido pueden ver como la misma prensa anglosajona reconoce en febrero-marzo 2011 la popularidad del presidente sirio, que sale a la calle con un muy bajo sistema de seguridad y que en las manifestaciones iniciales no había miles, sino pequeños grupos, que apenas llegaban a alguna centena.
Descontento fabricado: el pueblo sirio nunca deseo la revolución .
Notes:
Abouzeid, Rania (2011) ‘Syria’s Revolt, how graffiti stirred an uprising’,Time, 22 March
Al Akhras, Samer (2011) ‘Syrian Citizen’, Facebook, 25 June, online:https://www.facebook.com/notes/sam-al-akhras/syrian-citizen/241770845834062?pnref=story
Al Jazeera (2011a) ‘Nine killed at Syria funeral processions’, 23 April, online:http://www.aljazeera.com/news/middleeast/2011/04/20114231169587270.html
Al Jazeera (2011b) ‘Deraa: A city under a dark siege’, 28 April, online:http://www.aljazeera.com/indepth/features/2011/04/2011427215943692865.html
Al-Shaqfa, Muhammad Riyad (2011) ‘Muslim Brotherhood Statement about the so-called ‘Syrian Revolution’’, General supervisor for the Syrian Muslim Brotherhood, statement of 28 March, online at: http://truthsyria.wordpress.com/2012/02/12/muslim-brotherhood-statement-about-the-so-called-syrian-revolution/
Allaf, Rime (2012) ‘This Time, Assad Has Overreached’, NYT, 5 Dec, online:http://www.nytimes.com/roomfordebate/2012/02/06/is-assads-time-running-out/this-time-assad-has-overreached
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http://www.globalresearch.ca/daraa-2011-syrias-islamist-insurrection-in-disguise/5460547

domingo, 25 de diciembre de 2016

Hemos fallado gravemente al pueblo sirio

Celebraciones en Alepo tras la liberación de los mercenarios terroristas vergonzosamente apoyados por occidente. 

Por Joan Carrero:
Es bastante incómodo empezar este artículo expresando mi convencimiento de que hemos fallado gravemente al sufrido pueblo sirio. Porque me refiero especialmente a nosotros, a quienes creemos en el progresismo y el soberanismo democrático. Admiramos a todos aquellos que vinieron a arriesgar su vida en España como brigadistas internacionales, conscientes del peligro que suponía el fascismo para todo el mundo. Sin embargo, el pueblo sirio, que ha sufrido una agresión tan injustificable como la que sufrió la sociedad española de entonces, no ha merecido por nuestra parte ni tan solo unas horas dedicadas a intentar descubrir en medios alternativos de información si lo que nos cuentan los grandes y “respetables” medios es cierto o si por el contrario se trata de una propaganda verdaderamente criminal. En el ámbito del nacionalismo catalán merecería un estudio específico el hecho de que los medios más emblemáticos, incluidos los progresistas en cuestiones nacionales (TV3, Ara, Vilaweb…), en las internacionales se hayan alineado de un modo tan incondicional con la versión occidental, una versión por tanto de parte.
¡Pobre Siria, cuánto sufrimiento, qué devastación! Profundas heridas, roja sangre. Una espantosa realidad. Pero ¡qué difícil es salir de nuestra propia piel y de nuestra propia cotidianidad para ponernos en la piel abierta y en la situación trágica de las víctimas! Intentar escribir sobre Siria un artículo que se salga de los agobiantes márgenes de lo políticamente correcto (¡cuánto miedo hay a discrepar y quedar al margen!) es mucho más que un reto: es como un  doloroso parto. Aunque también es una obligación moral. Lo cual no le resta en absoluto dificultad. ¿Por qué llamar “conflicto” a una terrible agresión internacional (¡otra más!) cuya realidad ha sido tan escandalosamente distorsionada? Distorsión que deberíamos haber descubierto enseguida. ¿No se hizo antes en tantos otros “conflictos” -Irak, Ruanda, Congo, Afganistán, Libia…- a fin de justificar las correspondientes agresiones “liberadoras”? ¿Cómo hemos podido volver a caer de nuevo en la misma estafa? Mikel Itulain escribía ya en 2012 en un artículo sobre Siria: “Han conseguido deformar tanto la realidad y polarizarla de tal modo, que resulta incluso difícil hablar con muchas personas, incluso cultas, con normalidad y objetividad sobre asuntos internacionales. La desinformación mediática causa estragos en una sociedad”.
Los instigadores de algo tan pavoroso son, a pesar de sus seductoras formas y su culta apariencia, e incluso su máscara progresista, unos seres tan depravados que quienes conservamos algún resto de humanidad en nuestras entrañas no deberíamos resignarnos a que continúen moviéndose libremente entre nosotros. Deberíamos habernos dado cuenta de que, como ya analizaba hace años el íntegro y prestigioso periodista estadounidense Seymour Hersh, la diferencia entre la Administración Bush y la Administración Obama estriba en que la primera estaba centrada en su propio ejército y confiada en su poderosa actuación mientras la segunda ha recurrido a las “proxy wars” en las que se utiliza a terceros, en este caso a los jihadistas (o, mejor, terroristas takfiris). Como desarrollo extensamente en mi libro La hora de los grandes “filántropos”, esta última estrategia está inspirada en la llamada doctrina Brzezinski.
Hasta desde el interior mismo del sistema atlantista, militares tan poco sospechosos de “radicalismo” como el coronel Pedro Baños explican: “Ciertamente, todos estos lodos vienen, estrictamente, de los polvos iniciales que se expandieron por Afganistán. En los primeros años ochenta del pasado siglo XX, la CIA norteamericana, el MI6 del Reino Unido y el ISI -el más grande de los tres servicios secretos paquistaníes- crearon, con el objetivo de expulsar a los soviéticos de este país, un grupo de extremistas y de fundamentalistas islámicos que consigue en muy pocos meses reunir a 50.000 combatientes de más de medio centenar de países. Así nace Al Qaeda […]. Pues bien, cuando en 2011 comienzan en Siria las revueltas contra Bashar al-Asad, […] a ‘alguien’ se le ocurre repetir la táctica y buscar a un grupo de personas militarmente bien preparado, […]. Así se crea, importando a los sunitas represaliados en Irak, el posteriormente autodenominado Estado Islámico que, en aquel momento se llamó Estado Islámico de Irak y Levante”. Por mi parte, insisto siempre en recordar que el gran artífice de aquella increíble operación en Afganistán fue, como él mismo confiesa con satisfacción, Zbigniew Brzezinski, el geoestratega en el que David Rockefeller depositó tanto poder. Insisto en ello porque es muy importante no perder nunca de vista quienes son aquellos que en Occidente mueven en realidad los hilos desde hace muchas décadas, aunque los “grandes” analistas y los medios globales de referencia no se refieran nunca a ellos.
Hemos abandonado a los sirios a su suerte. Y no me refiero a los refugiados, utilizados, de modo perverso y descarado, como excusa para devastar Siria e instaurar en ella el caos que ya reina en Libia. El 7 de septiembre de 2015 El País nos “regalaba” en portada este titular en letras de gran tamaño: “La crisis de los refugiados obliga a planear bombardeos en Siria”. Así que no me refiero solo a los refugiados. Me refiero a todo el pueblo sirio. Ya sé que “lo correcto” es hablar, de un modo apolítico y aséptico, solo de refugiados y ayuda humanitaria. Pero considero que es mucho más honesto incluirlos a todos en el término pueblo. Un pueblo, el sirio, que ha sufrido aquel crimen, el crimen contra la paz, que en 1950 los Principios de Núremberg consideraron que era “algo esencialmente perverso”, ya que “iniciar una guerra de agresión [...] no es sólo un crimen internacional, es el mayor crimen internacional, diferenciándose de los otros crímenes en que contiene en sí mismo la perversidad acumulada de los otros”. El distraer, en pleno siglo XXI, la atención de nuestra sociedad sobre la singular gravedad de los crímenes contra la paz, utilizando para ello la Declaración Universal de los Derechos Humanos (todos ellos individuales) y excitando nuestras emociones con conmovedoras historias particulares, es aún más grave que, en los siglos pasados, haber distraído la atención de la sociedad sobre la necesidad de justicia social utilizando para ello unos piadosos llamamientos a la caridad cristiana.
Ante tan tremenda tragedia, deberíamos haber empezado por cuestionarnos tantos aprioris oficiales. Si fuese cierto ese falseamiento de la realidad al que me estoy refiriendo, es evidente que, como siempre, habría una causa para ello, unos intereses geoestratégicos y económicos. Pero considero que en este artículo es preferible desenmascarar primero todos esos falsos supuestos oficiales. Creo que es importante empezar por cuestionarnos la supuesta falta de legitimidad del “déspota” Bashar al-Assad. ¿Por qué hemos dado tan fácilmente por supuesto que se trataba de un “régimen” tan despótico que hasta las totalitarias monarquías absolutas del Golfo estaban legitimadas para derrocarlo financiando hordas de feroces y fanáticos terroristas takfiris? Deberíamos habernos cuestionado también desde el principio la autoridad o legitimidad moral de Estados Unidos para arrogarse una vez más el derecho a decidir qué gobierno es legítimo o no. ¿Quién decide si Bashar al-Assad es un déspota: el pueblo sirio o Estados Unidos? Unos Estados Unidos cuyo sangriento historial, desde Vietnam hasta Siria, no puede ni ser comparado con el del “régimen” sirio, tal es su desproporcionalidad.
En todo caso, si la falta de legitimidad es justificación suficiente para arrasar un país utilizando para ello decenas de miles de sangrientos mercenarios sin escrúpulos o llevando a cabo bombardeos como los que arrasaron Libia, ¿cuántas decenas de países nos quedan aún por arrasar, empezando por las “democráticas” petromonarquías del Golfo? ¿Qué están manipulando en el interior de nuestras mentes para que sean necesarias reflexiones tan elementales como estas?  Son muchos los expertos de diferentes nacionalidades que (como el estadounidense Seymour Hersh) nos han recordado desde hace años la legitimidad  del Gobierno sirio. En España podríamos citar a Mikel Itulain, entre otros. Veamos que dice al respecto en algunos de sus magníficos artículos:         
“[…] en Siria se aprobó el proyecto de reforma de la Constitución el 26 de febrero de 2012, con un 89.4 % a favor. […] Esta constitución es secular, no basada en el Islam o en la ley islámica, no permite partidos basados en una religión, etnia, raza u otro tipo de discriminaciones. Por tanto, excluye a cualquier partido que quiera crear un estado islámico, [lo que es un serio obstáculo para el proyecto estadounidense de sustituir los regímenes laicos árabes de Túnez, Egipto, Libia, Siria y Argelia por otros controlados por la Hermandad Musulmana]. […] Además, en la constitución se protegen ciertos derechos sociales que en Estados Unidos o en Europa se han perdido o se están perdiendo, como, por ejemplo: protección estatal para las enfermedades, la invalidez o la vejez; acceso al sistema sanitario y sistema educativo gratuito a todos los niveles. Los impuestos también serán progresivos. Y ya para que nuestros dirigentes tan poco democráticos se irriten un poco más: […] Se incluyó una disposición en la Constitución que requiere que, como mínimo, la mitad de los miembros de la Asamblea del Pueblo deben ser extraídos de las filas de los campesinos y obreros (Stephen Gowans).
[…] Finalmente se celebraron en Siria  Elecciones Presidenciales el 3 de junio de este año 2014, con unos resultados contundentes, una participación del 77,42 %, pese a las amenazas y sabotajes de los mercenarios islamistas y a las trabas, prohibiciones y amenazas vertidas contra los sirios que se fueron al extranjero y querían venir a votar. […] Bashar al Assad obtuvo 88,7 % de apoyo, lo que indica que un 68,67 % de los sirios, pese a todas las dificultades puestas, le votó, y competía con otros dos candidatos que eran precisamente de la cultura predominante en el país, la suní (algo que desmiente el mito de que solo un alauita puede llegar al poder ahora en Siria y de que están oprimidos la mayoría, los sunitas). […] ¿Se volvieron locos de repente los sirios o estamos ante una de las mayores mentiras de los últimos tiempos? Y ha habido unas cuantas escandalosas.
Es duro, incluso para occidente, negar que las recientes elecciones fueron un enorme éxito para el Gobierno en Damasco, eliminando la ilusión de una Siria dividida. El país estaba sumido en un conflicto prolongado no a causa de una ‘revuelta popular’, sino a causa de una premeditada guerra con mercenarios organizada por EE.UU., Israel, y Arabia Saudí (e involucrando a otros miembros de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo) ya en el 2007 -confirmado esto en el informe  del periodista ganador del premio Pulitzer 2007 Seymour Hersh y titulado ‘La redirección’ (Tony Cartalucci).
[…] El garante del mantenimiento de la tolerancia, la pluralidad y el respeto a la vida de los sirios ha sido el Gobierno sirio, encabezado por Bashar al-Assad, junto a su ejército, tan demonizados en occidente. No han hecho este papel, en realidad han hecho el opuesto, favoreciendo la barbarie, los medios de comunicación occidentales, las organizaciones ‘humanitarias’ y parte de la izquierda. Es bueno recordar aquí también, ahora que está tan presente el tema de los refugiados, que el mayor número de refugiados sirios han ido hacia zonas de Siria controladas por su gobierno. Mostrando con claridad lo que realmente ocurría y ocurre en Siria. Si no es legítimo y popular el Gobierno de Siria ya me dirán cuál lo es.”
De igual modo, deberíamos habernos cuestionado las informaciones sobre los supuestos crímenes “intolerables” del “déspota”. Tras tantas, tan perversas y tan graves mentiras en Irak, Ruanda, Libia… ¿era mucho pedir? Quienes conocemos bien las anteriores conspiraciones estadounidenses para demonizar y derrocar a otro “déspota”, el presidente hutu ruandés Juvénal Habyarimana, así como los muchos crímenes de falsa bandera (los conocemos en detalle por las declaraciones en la Audiencia Nacional de actores incluso directos) realizados en Ruanda por los asesinos del Frente Patriótico Ruandés (una asociación terrorista según el auto del juez Fernando Andreu), ya no caemos en aquella burda propaganda que, rápidamente y sin pruebas contrastadas, adjudica siempre al “sátrapa” sirio todo tipo de crímenes, incluidos los ataques con armas químicas y los ataques a hospitales.
Deberíamos habernos cuestionado también la calificación de “rebelión” que desde el comienzo se dio a la violencia desatada repentinamente en este país en el que desde hace mucho tiempo convivían armónicamente los más diversos grupos étnicos y religiosos. Deberíamos habernos cuestionado la certeza de que todo lo que allí está sucediendo se inició como una primavera árabe que buscaba democracia y libertad. Deberíamos habernos interesado por informaciones tan relevantes como la que aportaban personalidades como el general estadounidense Wesley Clark: el derrocamiento del Gobierno sirio (al igual que el de Libia y otros más) estaba decidido desde mucho antes que comenzasen allí las llamadas primaveras árabes. Hasta el coronel Pedro Baños reconocía que lo sucedido en Siria “de ninguna manera es algo espontáneo: se trata de un proceso absolutamente dirigido, manipulado e instrumentalizado desde el exterior”. Y sobre el porqué de esta agresión, añadía: “Desde el punto de vista de Estados Unidos, Bashar al-Assad […] defendía un socialismo muy particular, marcadamente anticapitalista, panarabista [todo demasiado parecido a la Libia de Muhamar Gadafi] y, por supuesto, enfrentado con las monarquías del Golfo”.
En cuanto a las insistentes “informaciones” sobre lo que posteriormente ha ido ocurriendo día a día en Siria, no vale la pena ni ocuparse de ellas: están tan sistemáticamente falseadas que sería inacabable el desenmascararlas. La periodista canadiense Eva Barlett, que ha viajado en repetidas ocasiones a Siria, respondió así al periodista noruego que le preguntó sobre cuáles serían las intenciones de los medios occidentales y de las organizaciones internacionales sobre el terreno para fabricar mentiras sobre atrocidades: “Cuénteme, ¿qué organizaciones internacionales están en Alepo? [silencio por respuesta] Vale, yo se lo digo: ninguna. Estas organizaciones confían en el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), que tiene su base de operaciones en Coventry, en Reino Unido, y que está compuesto por una sola persona, […] dependen de grupos poco fiables como los Cascos Blancos (SOHR) […], fundado en 2013 por un exmilitar británico y financiado con unos 100 millones de dólares por Estados Unidos, Reino Unido, Europa y otros países. […] dicen ser neutrales y, sin embargo, portan armas y se los puede ver de pie cerca de los cadáveres de los soldados sirios. Y sus grabaciones de vídeos muestran a niños que han sido reutilizados en diferentes reportajes. Puedes encontrar a una chica llamada Aia que sale en un reportaje en agosto, y sale el mes siguiente en dos localizaciones distintas. No son creíbles. El SOHR no es creíble. Activistas sin nombre no son creíbles. Tus fuentes en el terreno no las tienes. En cuanto a tu motivación, no tuya pero sí de ciertos medios corporativos, es la de cambio de régimen.” 
No parece muy navideño el presente artículo, que estará en la página de Mallorcadiario durante la noche del 24 de diciembre. La misma noche en la que millones de familias cristianas celebran la Navidad. Pero, si no recuerdo mal, lo que celebramos en esa noche son unos acontecimientos que tienen que ver con las penalidades de una familia pobre que tuvo que desplazarse desde su aldea porque el imperio de turno necesitaba (como necesitan todos los imperios) censar a sus súbditos, controlarlos y recaudar. En la pequeña iglesia de nuestra Fundación no tenemos el típico crucifijo. Bueno, está presidida por un icono en el que se representa a un Pantocrator al que llamamos El Señor de la Buena Nueva. Pero por crucifijo tenemos el impresionante rostro de un famélico niño africano, pintado por nuestro querido amigo Cándido Ballester. ¿O acaso no fue aquel mismo que más tarde sería crucificado el que nos adelantó que en nuestro último día nos diría: “Lo que hicisteis [o dejasteis de hacer] a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis [o a mí me lo dejasteis de hacer]”?

Publicado el 24.12.2016:
http://www.mallorcadiario.com/movil/noticia/446688/hemos-fallado-gravemente-al-pueblo-sirio.html
http://www.l-hora.org/2/hemos_fallado_gravemente_al_pueblo_sirio_joan_carrero_24_12_16_1614656.html